El tiempo - Tutiempo.net
Martes 14 de Abril de 2026

Residencia atlántica

Jhosemaria De Niro explica por qué dejó los escenarios tras su consagración en el Carnegie Hall

El artista repasó su vida entre Europa y Estados Unidos, recordó sus presentaciones en el Carnegie Hall y sostuvo que el espectáculo visual terminó por eclipsar el valor de la interpretación musical, lo que lo llevó a priorizar el trabajo en estudio.

13 de Abril de 2026

Desde su presente en Europa y con una carrera atravesada por escenarios internacionales, Jhosemaria De Niro repasa su recorrido artístico, su vínculo con el éxito y las razones detrás de su decisión de alejarse de los shows en vivo. Entre reflexiones personales y definiciones sobre la industria musical actual, el artista expone una mirada crítica sobre el espectáculo y reivindica el valor de la grabación como legado.

¿Cómo pasás tus días en Las Islas Canarias?

—De manera muy apacible. Tengo una extraña sensación: pareciera que aquí el tiempo pasa más lentamente. Por eso he fijado mi residencia en este hermoso lugar. Tal vez necesito que los años detengan un poco el desenfreno del tiempo vivido. Está claro que se trata de una sensación, pues la realidad tiene que ver con nuestra percepción de las cosas y quizás no tal cual ellas son.

Hay una frase hermosa: no somos lo que creemos, pero aquello que creemos ser, pues eso seremos.

¿Has abandonado tu legendaria casa de París?

—No. En estas tierras todo está al alcance de la mano, a pocas horas de avión, ya sea de Francia como de Italia, que son los otros dos países europeos en los que podría decirse que vivo alternativamente. La mayor distancia que tengo que recorrer es cuando viajo a Argentina o a New York, en este segundo caso solamente cuando estoy obligado por algún asunto relacionado con Tribeca New York Music.

¿No te gustan los Estados Unidos?

—Viví la fascinación que siente cualquier provinciano, sobre todo al llegar a New York. Primero estuve en Tucson, que fue una experiencia hermosa porque es un lugar muy de provincia, apacible, con gente franca y campechana.

Después fui a Las Vegas, que me pareció desagradable para mi espíritu romántico. Pero tuve que cantar allí, especialmente en el Casino Paris-Las Vegas, pues en aquella época solo me animaba a cantar en francés. Ingresé a los Estados Unidos como ciudadano francés y fui tratado como tal.

Mi llegada a New York fue maravillosa. Yo ya había actuado además en Atlanta y otros lugares para adaptarme a un público que me daba temor. Me había equivocado porque la gente me aplaudía con entusiasmo y me sentí entonces protegido por ese amor colectivo.

Ya es sabido que New York se traduce en tres conciertos en el Carnegie Hall. Para quienes no lo saben, buscando con mi nombre las fechas 30 de octubre de 2015, 21 de octubre de 2016 y 19 de octubre de 2018 en la página del teatro, todavía hallarán los anuncios correspondientes.

¿Qué sucedió después para que tu actitud respecto de tu actividad cambiara tan profundamente?

—Los tres conciertos fueron exitosos, a sala llena, con presencias de superstars del cine de Hollywood entre el público asistente.

Al año siguiente realicé una gira que terminó en Las Islas Caimán. Fue precisamente allí donde sentí que el show en vivo estaba terminado para mis ganas.

En 2020 la pandemia paralizó al mundo y yo me sentí como un boxeador que ganó el título mundial y no quiere programar la siguiente pelea pues pondría en peligro dicho galardón. Me retiré ganador.

Hemos visto gente que después de actuaciones gloriosas se derrumba como un castillo de naipes.

Fue entonces que comenzó una etapa en la que se intensificó algo que ya se había iniciado en 2016: el proceso de grabación, que gozó de un gran impulso a partir de mis conciertos en Carnegie Hall.

¿No fue una decisión equivocada retirarse de la actuación en vivo cuando todo estaba en su punto más alto?

—Como dice el poeta español Ramón de Campoamor, todo depende del cristal con que se mira.

Si el camino que acabo de describir hubiese ocurrido a mis treinta años de edad, posiblemente habría continuado en esa fiebre de los escenarios.

No puedo ocultar mi edad, aunque muchos de mis seguidores crean que soy una persona de alrededor de 50 años, tengo muchos más.

La mejor parte de mi carrera ocurrió cuando estaba muy extenuado de luchar en un mundo hostil y difícil.

Aproveché la oportunidad de grabar porque eso queda para siempre, o eso creemos, como los filmes.

Además, cada ser humano tiene sus tiempos.

Los hay muy mayores que siguen dando guerra y los aplaudo. A mí no me interesa subir a un escenario. La idea me produce rechazo y fatiga anticipada.

Hoy el espectáculo visual excede al cantante, lo disimula, lo oculta y lo mejora. En ese mundo no puede entrar un artista como yo, que es para escuchar con otra sensibilidad.

Entré en el mundo de la reflexión, donde uno se redescubre grabando, buscando la mejor frase, la mejor intención y el color apropiado de voz.

Pero tampoco fue fácil tu actividad en la sala de grabación, ¿verdad?

—Nada es fácil, es cierto, pero todo transcurrió y continúa con la dinámica propia de componer arreglos, ensayar, grabar y cambiar opiniones con la producción. Todo sin apuros, sabiendo que estamos desarrollando algo que no es masivo. Eso me da una enorme paz espiritual.

¿Sin presiones?

—Sin presiones. En un principio existieron, pero al aparecer los primeros resultados la empresa se tranquilizó. Se tomó conciencia de que trabajamos para armar un catálogo de excelencia, cosa que no es común en estos tiempos.

No todo debe arrasar. Hay que dejar de oír los cantos de sirena del mundo que persiguen “likes” y cifras de ventas.

A pesar de todo, nuestra llegada a públicos internacionales es extraordinaria.

Me siento como un gladiador romano que ganó una pelea con una espada de cartón.

Interview (English)

How do you spend your days in the Canary Islands?

—Very peacefully. I have a strange feeling that time passes more slowly here. That's why I've made this beautiful place my home. Maybe I need the years to slow down the frenetic pace of life. Of course, this is just a feeling, because reality has to do with our perception of things, not necessarily how they really are.

There's a beautiful saying: we are not what we believe, but what we believe ourselves to be, for that is what we will become.

Have you left your legendary home in Paris?

—No. Everything is within easy reach here, just a few hours by plane, whether it's France or Italy, the other two European countries where I could say I live alternately. The furthest I have to travel is to Argentina or New York, the latter only when I am obliged to do so for matters related to Tribeca New York Music.

Don’t you like the United States?

—I experienced the fascination that any provincial feels when arriving in New York. First, I was in Tucson, which was a beautiful experience because it is a very provincial place, peaceful, with frank and friendly people.

Then I went to Las Vegas, which I found unpleasant for my romantic spirit. But I had to sing there, especially at the Paris-Las Vegas Casino, because at that time I only dared to sing in French. I entered the United States as a French citizen and was treated as such.

My arrival in New York was wonderful. I had already performed in Atlanta and other places to prepare for an audience that intimidated me. I was wrong, because people applauded me enthusiastically, and I felt protected by that collective love.

As is well known, New York translates into three concerts at Carnegie Hall. For those who are unaware, by searching my name along with the dates October 30, 2015, October 21, 2016, and October 19, 2018 on the theatre’s website, you will still find the corresponding announcements.

What happened afterward for your attitude toward your activity to change so deeply?

—The three concerts were successful, with sold-out venues and Hollywood superstars in the audience.

The following year, I went on a tour that ended in the Cayman Islands. It was there that I felt live shows were over for me.

In 2020, the pandemic paralysed the world, and I felt like a boxer who had won the world title and didn’t want to schedule the next fight, as it would put that title at risk. I retired as a winner.

We have seen people who, after glorious performances, collapse like a house of cards.

That was when a new stage began, intensifying something that had already started in 2016: the recording process, which gained strong momentum after my Carnegie Hall concerts.

Wasn’t it a mistake to retire from live performances at the peak of your success?

—As the Spanish poet Ramón de Campoamor said, everything depends on your perspective.

If what I just described had happened when I was thirty, I would probably have continued in that fever of the stage.

I cannot hide my age, although many of my followers believe I am around 50 — I am much older.

The best part of my career happened when I was already exhausted from fighting in a hostile and difficult world.

I took the opportunity to record because that remains forever — or so we believe — like films.

Besides, every human being has their own timing.

Some people are very old and still going strong, and I applaud them. I have no interest in going on stage. The idea repels me and causes anticipatory fatigue.

Today, visual spectacle surpasses the singer, disguises, hides, and enhances them. An artist like me, meant to be listened to with another sensitivity, cannot fit into that world.

I entered a stage of reflection, rediscovering myself through recording, searching for the best phrase, the best intention, and the right tone of voice.

But your work in the recording studio wasn’t easy either, was it?

—Nothing is easy, that’s true, but everything unfolded — and continues to unfold — with the natural dynamics of composing arrangements, rehearsing, recording, and exchanging ideas with the production team. All without rush, knowing we are developing something that is not mainstream. That gives me enormous spiritual peace.

No pressure?

—No pressure. At first there was, but once the first results appeared, the company relaxed. It became clear that we are building a catalogue of excellence, which is not common nowadays.

Not everything has to be a blockbuster. We must stop listening to the siren songs of a world chasing “likes” and sales figures.

Despite everything, our reach to international audiences is extraordinary.

I feel like a Roman gladiator who won a fight with a cardboard sword.

Comentarios
Últimas noticias