Si pasa, pasa
Jorge Macri demostró que gobierna a prueba y error con la patente ajena
Primero mandó boletas infladas, después pidió no pagarlas y recién entonces explicó el error: CABA administrada como un borrador.
3 de Febrero de 2026
La secuencia fue quirúrgica y preocupante: llegaron boletas con aumentos que superaban largamente el 100 por ciento, los vecinos explotaron, las redes ardieron y recién ahí el jefe de Gobierno salió a hablar. No para anunciar una solución estructural, sino para pedir algo inédito desde el poder: “no paguen”. Así, sin más. Como si la administración de Buenos Aires fuera una mesa de prueba y no el Estado cobrando impuestos.
#ÚLTIMAHORA ???
— LET NOTICIAS - Libertad de Expresión para Todos (@LETNoticias) February 3, 2026
¡JORGE MACRI ADMITE ERRORES EN CÁLCULO DE PATENTES EN CABA Y SUSPENDE COBRO!
El jefe de Gobierno porteño reconoció subas indebidas de más del 100% en boletas de patentes, pidió no pagarlas y anunció emisión de nuevas con tope en la inflación.#CABA #Patentes…
Jorge Macri admitió la “falla técnica” en el cálculo del impuesto automotor y apuntó directamente a la AGIP, que habría utilizado una base distinta a la aprobada por la Legislatura. El problema es que el error no fue menor ni marginal: afectó a miles de contribuyentes que, de un día para el otro, pasaron de pagar alrededor de 30 mil pesos a más de 60 mil en una sola cuota. Autos chicos, sin cambios patrimoniales, con subas propias de un delirio contable.
Cuando el daño ya estaba hecho, llegó la explicación. Macri aseguró que “ninguna patente puede aumentar más que la inflación” y que los incrementos “se fueron muy por encima de lo razonable”. Una aclaración tardía que funciona más como parche discursivo que como gesto de conducción. Porque si el límite era tan claro, alguien falló antes. Y no fue el vecino.
La respuesta oficial fue frenar el cobro, suspender vencimientos y firmar un decreto de urgencia para emitir nuevas boletas con valores corregidos y un tope ligado a la inflación de 2025. En otras palabras: dar marcha atrás después del choque. Mientras tanto, las boletas digitales ya habían sido derivadas a los sistemas bancarios, sumando confusión y desconfianza a un sistema que debería ser previsible.
El jefe de Gobierno prometió que durante la semana se publicará una versión electrónica actualizada y que, si hace falta, también habrá nuevas boletas impresas. Todo dicho en potencial, todo a futuro. El presente, mientras tanto, es un vecino que no sabe cuánto debe, cuándo vence ni si confiar en que la próxima liquidación no traerá otra sorpresa.
El episodio deja algo más grave que un error técnico: deja al descubierto una forma de gobernar donde primero se ejecuta, después se corrige y recién al final se explica. Gobernar no es improvisar con impuestos, ni pedir paciencia cuando el sistema falla desde arriba. Buenos Aires no necesita excusas ni ensayos. Necesita conducción. Y, sobre todo, alguien que llegue antes del enojo, no después.
