Ruido de máquinas
La piqueta de Jorge Macri le quiere bajar el telón a la disquería que sobrevivió al streaming y a cuatro crisis
La gestión porteña avanza con la expropiación del edificio de Zivals en Callao y Corrientes para la Línea F. Los dueños piden quedarse, el ministro promete un "lugar mejor" y nadie explica por qué el progreso siempre pasa por arriba de lo que ya funciona.
30 de Septiembre de 2026
El gobierno de la Ciudad notificó que el inmueble de la disquería Zivals, en Callao y Corrientes, quedará alcanzado por el proyecto de la Línea F de subte y será expropiado. La medida afecta a un local que lleva 55 años en la esquina más cantada de Buenos Aires y que hoy emplea a 33 personas con un catálogo de más de 50.000 títulos entre música y libros.
La gestión de Jorge Macri dio los primeros pasos para concretar una obra que quedó establecida por la Ley 670 en 2001 y ratificada por la Ley 2710 en 2008. O sea, el trazo existe desde hace un cuarto de siglo. Lo que faltaba era alguien dispuesto a firmar el papel que manda la topadora. El proyecto contempla la adquisición total de 12 propiedades a lo largo del recorrido y la expropiación parcial de otras 26 parcelas por afectación de subsuelos. La Línea F, según las estimaciones oficiales, empezaría a circular en 2031. Cinco años para ver un tren, un rato para borrar una esquina.
El ministro de Infraestructura y Movilidad, Pablo Bereciartua, explicó que la idea es evitar los accesos tradicionales sobre las veredas y armar halls integrados a edificios diseñados a medida. "Ahí viene la necesidad de expropiar en Callao y Corrientes para hacer un hall de ingreso", dijo, y agregó que la disquería "quedará en ese lugar o en uno mejor del que tienen". La frase tiene esa textura de promesa inmobiliaria que se escucha en cada reunión de consorcio cuando alguien anuncia que va a mejorar el hall y termina pintando el portero.
Desde Zivals sostienen que ni la ciudad ni la obra necesitan demoler el edificio y que existen opciones más económicas y más lógicas. El local conserva un mural monumental de Martín Ron en homenaje a Charly García, inspirado en la tapa de Clics Modernos, inaugurado en mayo. Es decir, la gestión que dice defender la cultura porteña está a un trámite de pasarle la piqueta a un homenaje al tipo que escribió "Nos siguen pegando abajo". La ironía se escribe sola.
Fuentes del gobierno porteño argumentaron que el criterio de selección priorizó inmuebles de poca altura, con menor costo de adquisición y cierto grado de deterioro, y que se evitó ocupar veredas. Traducido a la vida real, el Estado elige los edificios más baratos y más venidos a menos para comprar, y después promete reubicar a quien estaba adentro. Zivals no está deteriorado, está vivo, y eso parece un problema para los planificadores.
Lo llamativo es el timing. Después de décadas de demora, la gestión de Jorge Macri desempolvó la Línea F justo cuando el edificio tiene un mural nuevo, visibilidad y una comunidad de clientes que firma cartas. La obra es necesaria, nadie lo discute. La pregunta es por qué el acceso tiene que comerse exactamente esa esquina y no cualquier otra de las doce propiedades que el propio proyecto ya tiene en la lista. El ministro habla de un equipo de trabajo encargado de conversar con los propietarios. La conversación, por ahora, tiene una sola parte hablando y la otra mirando cómo le miden el terreno.
Zivals pide a sus clientes que acompañen el reclamo. La disquería sobrevivió al cassette, al CD, al MP3 y al streaming. Ahora tiene que sobrevivir a un hall de ingreso.
