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Viernes 25 de Septiembre de 2026

Hábitos al hablar

Las seis palabras que la inteligencia artificial vinculó con discursos menos desarrollados

“Básicamente”, “como”, “obvio”, “simplemente”, “genial” y “no puedo” aparecen en el listado elaborado por la IA. Su utilización no determina la inteligencia de una persona, pero su repetición excesiva puede asociarse con explicaciones simplificadas, muletillas o falta de argumentación.

24 de Septiembre de 2026

La inteligencia artificial identificó seis palabras y expresiones que, cuando aparecen reiteradamente, pueden relacionarse con discursos simplificados, generalizaciones o respuestas con poca argumentación. El listado incluye “básicamente”, “como”, “obvio”, “simplemente”, “genial” y “no puedo”.

La primera es “básicamente”, una palabra utilizada habitualmente para resumir conceptos. El problema aparece cuando se transforma en un recurso permanente para evitar desarrollar explicaciones y termina reduciendo cuestiones que necesitan mayor profundidad o diferentes matices.

También aparece “como” cuando funciona como muletilla, especialmente durante conversaciones en las que se utiliza repetidamente mientras se intenta ordenar una idea. “Obvio”, en tanto, puede funcionar como una manera de cerrar una discusión dando algo por sentado sin presentar argumentos que permitan sostenerlo.

La cuarta palabra es “simplemente”, cuyo uso excesivo puede presentar como sencilla una situación atravesada por distintas causas o interpretaciones. Algo similar ocurre con “genial”: no por su significado, sino cuando se utiliza permanentemente para valorar algo sin explicar qué lo vuelve interesante o positivo.

Finalmente aparece “no puedo”, expresión que la IA relacionó con una forma de reaccionar frente a determinadas dificultades antes de considerar posibles alternativas. Sin embargo, su utilización tampoco permite concluir que una persona tenga una menor capacidad intelectual.

El propio análisis establece una aclaración fundamental: estas seis expresiones no constituyen un test de inteligencia. La educación, el contexto, los hábitos lingüísticos y la situación particular de cada conversación también influyen en la manera en que una persona se comunica.

 

Más que detenerse en términos aislados, el foco está puesto en la capacidad para construir argumentos, incorporar nueva información, reconocer matices y explicar ideas con claridad. Por eso, repetir cualquiera de estas palabras no alcanza para determinar si alguien es más o menos inteligente.

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