Urbanización
Un negocio de miles de millones en Mar Chiquita pone bajo presión a Wischnivetzky y Bochicchio por 336 hectáreas frente al mar
El emprendimiento proyectado entre Mar de Cobo y la localidad cabecera genera preguntas sobre beneficios económicos, controles y prioridades de gestión.
9 de Junio de 2026
Un desarrollo inmobiliario de 336 hectáreas, con 1.300 metros de frente marítimo, 80 hectáreas de bosque y acceso directo a la Ruta Provincial 11, comenzó a instalar un fuerte debate político, económico, ambiental y estratégico en Mar Chiquita. La magnitud de la iniciativa la ubica entre las operaciones territoriales más importantes proyectadas en la costa bonaerense durante los últimos años y abre una discusión que ya trasciende ampliamente el plano inmobiliario.
El emprendimiento se encuentra entre Mar de Cobo y la localidad de Mar Chiquita, en una de las últimas grandes reservas de tierra costera disponibles en el distrito. Por sus características, especialistas del mercado consideran que la futura valorización inmobiliaria podría alcanzar cifras multimillonarias una vez que las tierras obtengan las autorizaciones, habilitaciones y eventuales cambios de uso necesarios para su desarrollo.
La dimensión económica del proyecto genera expectativas dentro del sector empresario y de la industria de la construcción. Sin embargo, también abrió interrogantes sobre quiénes terminarán beneficiándose de un negocio que podría movilizar miles de millones de pesos durante los próximos años y cuál será el impacto territorial de una urbanización de semejante escala.
A pocos kilómetros del predio se encuentra la Albufera de Mar Chiquita, uno de los ecosistemas más importantes de la Argentina y un área reconocida internacionalmente por su biodiversidad. La cercanía con humedales, dunas, bosques y ambientes costeros sensibles comenzó a despertar preocupación entre vecinos, organizaciones ambientales, investigadores y sectores vinculados a la conservación del patrimonio natural.
Entre los cuestionamientos aparecen posibles impactos sobre los acuíferos subterráneos, el aumento de la circulación vehicular, la generación de residuos, la modificación de escurrimientos naturales y la fragmentación de corredores biológicos. Por ese motivo, distintas voces reclaman estudios ambientales rigurosos, evaluaciones acumulativas de impacto y mecanismos de control independientes antes de avanzar con cualquier transformación de gran escala.
La discusión también alcanza directamente a la conducción política del municipio. Tanto el intendente Walter Wischnivetzky como el secretario de Gobierno Facundo Bochicchio son señalados por distintos sectores como los principales responsables de administrar el territorio donde podría desarrollarse una de las mayores operaciones inmobiliarias de la historia local.
Las críticas se profundizan porque el proyecto avanza en un contexto donde persisten reclamos vecinales vinculados a infraestructura, empleo, servicios públicos, conectividad, mantenimiento urbano y seguridad. Para algunos sectores, resulta llamativo que una iniciativa asociada a la valorización de tierras concentre tanta atención política mientras continúan sin resolverse diversas demandas cotidianas de los habitantes del distrito.
A nivel provincial, el debate también incorpora la figura del gobernador Axel Kicillof. Quienes cuestionan el desarrollo sostienen que mientras se promocionan inversiones millonarias y urbanizaciones de alta gama, siguen acumulándose reclamos vinculados al funcionamiento de IOMA, las condiciones edilicias de las escuelas, la inseguridad y la presión impositiva.
Sin embargo, existe una discusión aún más profunda que comenzó a emerger en los últimos meses y que involucra directamente la estrategia de desarrollo que el propio distrito viene impulsando desde hace años a través de la Agencia de Desarrollo Local de Mar Chiquita (ADELMAR).
Durante los últimos años, ADELMAR trabajó en la construcción de una agenda orientada a la sustentabilidad, la economía local, la innovación territorial y la puesta en valor de los recursos naturales que distinguen al partido. Dentro de esa estrategia, uno de los ejes centrales ha sido la protección y promoción de la Albufera de Mar Chiquita como motor de desarrollo económico compatible con la conservación ambiental.
La relevancia de esta línea de trabajo quedó reflejada en la participación de ADELMAR en iniciativas de cooperación internacional vinculadas a la preservación ambiental, el turismo sostenible y el fortalecimiento de actividades económicas asociadas al patrimonio natural. La lógica detrás de estas acciones apunta a transformar los recursos ambientales del distrito en una ventaja competitiva capaz de generar empleo, atraer inversiones responsables y consolidar una identidad territorial propia.
Por ese motivo, diversos actores locales comenzaron a preguntarse si la eventual urbanización de grandes extensiones de territorio costero resulta compatible con los objetivos estratégicos que el propio municipio viene promoviendo desde hace años. La inquietud no se limita al impacto ambiental directo que pudiera generar el emprendimiento, sino también al mensaje institucional que podría transmitir hacia organismos internacionales, universidades, entidades científicas y potenciales financiadores que acompañan proyectos de conservación y desarrollo sostenible.
La discusión adquiere mayor relevancia si se considera que la Albufera constituye uno de los principales activos diferenciales de Mar Chiquita frente a otros destinos de la costa bonaerense. Mientras numerosos municipios compiten mediante desarrollos inmobiliarios y expansión urbana, el distrito ha construido buena parte de su posicionamiento sobre la singularidad de sus humedales, sus bosques, sus reservas naturales y su biodiversidad.
Especialistas en planificación territorial sostienen que los ecosistemas de alto valor ambiental deben ser analizados no solo desde una perspectiva ecológica, sino también económica. La conservación de estos espacios genera oportunidades vinculadas al turismo de naturaleza, la observación de aves, la investigación científica, la educación ambiental, el ecoturismo y diversas actividades productivas compatibles con la preservación del territorio.
En este contexto, la aparición de un emprendimiento inmobiliario de semejante escala abre un debate que excede ampliamente el análisis de una inversión privada. Lo que comienza a discutirse es cuál será la matriz de desarrollo de Mar Chiquita durante las próximas décadas, si continuará consolidando un modelo basado en la valorización de sus recursos naturales y culturales o si avanzará hacia una transformación territorial impulsada principalmente por la expansión urbana y la rentabilidad inmobiliaria.
La pregunta de fondo es si ambas visiones pueden convivir o si representan caminos difíciles de armonizar. En una etapa donde organismos internacionales, bancos de desarrollo y agencias de financiamiento promueven cada vez más proyectos vinculados a la sostenibilidad, la economía circular y la resiliencia climática, la definición que adopten las autoridades locales podría tener consecuencias que excedan ampliamente los límites de un emprendimiento particular.
Por eso, más allá de los estudios técnicos, las autorizaciones administrativas y los procedimientos legales que eventualmente deba atravesar el proyecto, el verdadero debate parece concentrarse en una cuestión estratégica de largo plazo. Lo que está en juego no es solamente el destino de 336 hectáreas frente al mar, sino la definición de qué futuro imagina Mar Chiquita para su territorio y cuál es el valor real que está dispuesta a asignarle a uno de sus patrimonios ambientales más importantes.
