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Relato reciclado

Con Alak al mando, La Plata se asfixia y los chicos pagan con la panza vacía

El intendente apuntó contra Nación por la falta de fondos, pero evita explicar cómo el aparato político que integra dejó a los barrios en una fragilidad estructural que hoy explota.

30 de Abril de 2026

En medio de la reducción de transferencias nacionales que impactan en programas alimentarios, el intendente de La Plata, Julio Alak, salió a hablar de “asfixia financiera” y puso el foco en la deuda de más de 220 mil millones de pesos que, según afirmó, la Nación mantiene con la provincia de Buenos Aires. La escena es conocida, cambia el contexto, pero el libreto sigue intacto.

El jefe comunal planteó que el recorte afecta a más de 2,5 millones de niños y adolescentes y obliga a reconfigurar la asistencia, con la suspensión de programas como el Plan Mesa y la priorización del Servicio Alimentario Escolar. La gravedad del dato es innegable, pero lo que queda en segundo plano es cómo un esquema político que gobernó durante años la provincia y varios municipios dejó a millones dependiendo de estructuras tan frágiles que cualquier ajuste las hace tambalear.

Alak no solo apuntó a la falta de recursos, también habló de la caída del consumo y de ingresos como factores que profundizan la crisis. Sin embargo, omite que ese deterioro social no empezó ayer y que su espacio político fue protagonista central en la construcción de ese escenario. La explicación oficial funciona como un espejo selectivo que refleja solo lo que conviene.

El intendente también confirmó que los municipios acudieron al Ministerio de Capital Humano para reclamar la restitución de fondos y planteó la necesidad de un nuevo pacto fiscal. En términos prácticos, se trata de la misma dinámica de siempre, reclamar arriba mientras abajo los problemas se acumulan sin una respuesta estructural.

Desde el Concejo Deliberante, el edil Raúl Recavarren reforzó el discurso al advertir sobre el impacto en los sectores más vulnerables y la pérdida de herramientas de contención social. El planteo vuelve a poner el eje en la urgencia, pero evita revisar por qué esas herramientas nunca lograron dejar de ser parches.

 

El cuadro que expone Alak es crítico, pero también deja al descubierto una contradicción difícil de disimular. Mientras denuncia la falta de fondos, representa a un entramado político que gobernó con recursos abundantes y no logró construir un sistema menos dependiente de la asistencia permanente. Cuando la caja se achica, el discurso crece, pero las soluciones siguen en veremos.

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