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Jueves 26 de Marzo de 2026

Privatización con perfume de eficiencia

De servicio público a remate exprés: Jorge Macri concesiona el aire y desata la bronca de los empleados

La concesión del Canal de la Ciudad y dos radios porteñas desata rechazo: denuncian privatización encubierta y riesgo para más de 400 puestos.

25 de Marzo de 2026

Jorge Macri decidió que el aire también cotiza. Bajo el elegante eufemismo de “no destinar más recursos públicos”, avanzó con la concesión del Canal de la Ciudad, la AM 1110 y la FM La 2x4. Traducción al castellano básico: lo que antes era servicio público ahora pasa a la góndola del mejor postor. Y como suele pasar en estas historias, el ajuste no viene solo: llega acompañado de una narrativa prolija que habla de eficiencia, mientras en el fondo suenan los acordes de un vaciamiento con corbata.

La publicación de los pliegos y la fecha de apertura de ofertas para el 20 de abril no son detalles técnicos, son la señal de largada de un proceso que los trabajadores ya definen sin rodeos: privatización encubierta. Más de 400 puestos de trabajo quedan en la cuerda floja mientras el discurso oficial intenta vender modernización. En la práctica, el mensaje es otro: el Estado se corre, el mercado decide, y el que no encaja, queda afuera del aire.

Desde la Asamblea de Trabajadores de Medios Públicos porteños no compran el relato. Alertan que no se trata solo de números, sino de algo bastante más incómodo para cualquier gestión que prefiere micrófonos dóciles: la pluralidad de voces. Porque el Canal de la Ciudad no es solo una pantalla más en la grilla, es el mismo espacio que albergó debates electorales clave. Las radios, por su parte, no son un souvenir: La Once Diez está a punto de cumplir un siglo y La 2x4 lleva 25 años sosteniendo el tango cuando otros lo usan solo para la foto.

El argumento de la eficiencia, ese comodín que sirve tanto para cerrar una ventanilla como para vender un patrimonio, aparece otra vez como excusa universal. Pero hay un detalle incómodo: los medios públicos no nacieron para competir con privados ni para dar ganancias, sino para garantizar acceso, cultura e información. Pretender medirlos con la lógica del rating y el Excel es como querer que un hospital facture como una prepaga. Puede sonar moderno, pero es otra cosa.

 

En el fondo, lo que se discute no es solo quién administra una señal o una frecuencia. Es quién decide qué se escucha, qué se ve y qué queda afuera. Y ahí es donde la resistencia de los trabajadores empieza a marcar un límite: si el aire se privatiza, también se achica el margen para lo incómodo, lo diverso y lo que no entra en pauta. Porque cuando todo tiene precio, la pregunta ya no es cuánto cuesta sostener un medio público, sino cuánto cuesta perderlo.

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