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Viernes 15 de Mayo de 2026

Asedio narco

Delincuentes desatados en La Plata: un ex fiscal desnudó la fiesta kirchnerista de Julio Alak

El ex fiscal Marcelo Romero destrozó la política de seguridad de Axel Kicillof y Julio Alak. Advirtió que el delito perdió el miedo al poder político y apuntó contra una dirigencia que, según sostuvo, prefiere dar excusas sociológicas antes que enfrentar a los criminales.

14 de Mayo de 2026

La inseguridad volvió a quedar en el centro de la escena en La Plata luego de que el ex fiscal y actual subsecretario de Investigación Criminal de la Nación, Marcelo Romero, apuntara con dureza contra Axel Kicillof y Julio Alak por la falta de una postura firme frente al delito. Y si algo dejó claro el funcionario es que, mientras los vecinos viven entre robos, motos sospechosas y rejas cada vez más altas, en el poder bonaerense parecen seguir jugando al “comprendo pero no condeno”.

Romero sostuvo que el delincuente “observa al poder político” y hoy no encuentra una señal clara de autoridad. Una frase que en La Plata cayó como piedra en parabrisas, porque expone una sensación cada vez más extendida. El crimen avanza y desde el municipio apenas aparecen discursos de manual, operativos para la foto y declaraciones que duran menos que un patrullero con nafta.

El ex fiscal remarcó que no alcanza con poner más policías en la calle, una idea que definió como antigua y casi decorativa. Según explicó, el delito mutó, se profesionalizó y perdió completamente el temor al sistema penal. Mientras tanto, desde el kirchnerismo siguen tratando la inseguridad como si fuera un debate universitario eterno donde todo termina siendo culpa de la desigualdad, Netflix o el capitalismo, menos del delincuente que gatilla.

Romero también habló del crecimiento del crimen organizado, el narcotráfico y la falta de coordinación entre Provincia y Nación. Ahí volvió a aparecer la lógica del peronismo bonaerense, esa donde la prioridad muchas veces parece ser no darle una foto política al adversario antes que resolver el problema. En Rosario aceptaron trabajar con fuerzas federales y los resultados empezaron a verse. En Buenos Aires, en cambio, el orgullo ideológico parece valer más que la tranquilidad de los vecinos.

La crítica al ministro Javier Alonso también tuvo olor a hartazgo. Romero cuestionó que responda críticas por redes sociales mientras la inseguridad se multiplica. Una postal bastante representativa de cierta política moderna, funcionarios hiperactivos en Twitter pero invisibles cuando oscurece en los barrios.

En el fondo, el diagnóstico fue todavía más incómodo para el oficialismo. Romero aseguró que el delito fue romantizado y que hoy muchos delincuentes ya ni siquiera esconden lo que hacen. Se muestran armados, posan en redes y convierten el crimen en una especie de cultura barrial. Todo mientras el Estado parece debatirse entre la corrección política, la burocracia y el miedo a quedar “duro”.

 

La Plata ya conoce demasiado bien las consecuencias de esa mezcla. Y mientras los vecinos cambian hábitos, horarios y rutinas por miedo, en la política todavía hay dirigentes que hablan de la inseguridad como si fuera un fenómeno meteorológico imposible de detener.

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