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Martes 11 de Agosto de 2026

Mancha en las calles

El show represivo de Jorge Macri contra una vendedora de paltas es el único plan de gobierno que no falla

El jefe de Gobierno porteño monta un circo represivo contra una mujer que vende fruta, pero el drama de la inseguridad y el caos del subte lo tienen sin cuidado.

10 de Agosto de 2026

En la Ciudad que se autoproclama "la mejor del continente", Jorge Macri decidió que el problema más urgente no es el subte que explota, los techos que se caen o las cámaras de seguridad que no andan, sino una mujer parada en una esquina con una bolsa de paltas. El video que circuló en las últimas horas lo retrata en su máxima expresión: un operativo de más de media docena de agentes para reducir a una vendedora ambulante, como si estuvieran desactivando una bomba nuclear en vez de confiscar un cajón de fruta.

La escena parece coreografiada para el aplauso de los fiscales de la Ciudad. La mujer no opuso resistencia violenta, no amenazó a nadie, no se subió a un auto a robar una rueda. Vendía palta. P-A-L-T-A. Un alimento que, en cualquier país serio, sería promocionado por el ministerio de agricultura, no perseguido por la policía como si fuera merca.

Mientras tanto, el verdadero desastre porteño sigue su curso. El subte D parece el vagón de una montaña rusa rusa, con los pasajeros haciendo equilibrio para no estrellarse contra el techo. Las veredas son un mapa de riesgos con baldosas sueltas y pozos que tragan zapatos. La seguridad en el microcentro es un chiste malo que nadie se ríe, y el presupuesto participativo quedó reducido a una encuesta en Twitter que contesta el mismo empleado público veinte veces. Pero el jefe de Gobierno no mira ese termómetro. Él prefiere el de la represión en cámara lenta, porque la foto le sale más linda para mandarle a Nación y pedir fondos para "combatir la informalidad".

¿A quién carajo le quiere mostrar esto Macri? ¿A Milei, que si pudiera vendería hasta la Rosada en una preventa de criptomonedas? ¿A Bullrich, que mide su eficacia en cantidad de aprietes por cuadra? El problema no es la vendedora, que obviamente está en situación de vulnerabilidad y se ganaba unos mangos para comer. El problema es que el aparato del PRO sigue creyendo que gobernar es filmar allanamientos de puestitos callejeros mientras la infraestructura de la Ciudad se viene abajo como un castillo de naipes.

Por las dudas, repasemos: nadie quiere que le peguen a una chica que vende palta. Ni siquiera sus rivales políticos más acérrimos. El consenso social es tan amplio que hasta el kiosquero de la esquina se indigna. Y aún así, Jorge Macri montó un operativo de fuerzas especiales para que la muchacha aprenda la lección. La lección, al parecer, es que en esta ciudad se puede ser chorro de guante blanco que especula con terrenos, pero no vendedora ambulante que ocupa dos metros de vereda.

El video duele porque no es una excepción. Es una postal del modelo. La mano dura solo contra los que no tienen espalda, mientras los problemas estructurales quedan relegados al cajón de las cosas que molestan. Y mientras Macri se toma un café mirando el registro de las cámaras de su operativo, los vecinos de Villa Lugano esperan que alguien arregle el caño que se rompió hace tres meses.

Pero claro, arreglar un caño no se puede subir a TikTok, y el jefe de Gobierno tiene que demostrarle al círculo rojo que está a la altura de la tradición represiva de la familia. Lastima que su primo no es más presidente, porque seguro que desde Olivos le hubiese tirado un centro: "Mirá, Jorge, con los manteros así, bien firme". Lástima que ahora el centro se lo pide Milei, que debe estar más interesado en saber si la vendedora pidió permiso para usar el espacio público o si pagó el monotributo.

El operativo fue innecesario, desmedido y, sobre todo, ridículo. Porque si la Ciudad estuviera realmente bajo amenaza, los recursos se destinarían a las calles rotas, los hospitales saturados o las escuelas sin calefacción. Pero resulta más fácil ensañarse con una mujer que vende paltas. Al fin y al cabo, la palta es cara y eso la vuelve sospechosa para un gobierno que cree que todo lo que no pasa por la caja de la AFIP es ilegal, excepto, claro, cuando lo manejan ellos.

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