Comercios bajo presión
Jorge Macri quedó bajo cuestionamiento por clausuras a locales que sacaron la basura antes de las 20
Comerciantes cuestionaron al Gobierno porteño por clausurar locales que sacaron residuos antes de las 20, pese a que aseguran cerrar como máximo a las 18. La acusación apunta a una política que, lejos de facilitar la actividad de las pymes, termina convirtiendo una cuestión operativa en multas y persianas bajas.
1° de Septiembre de 2026
La gestión de Jorge Macri quedó bajo cuestionamiento por la clausura de comercios porteños vinculada al horario en que retiraron sus residuos. Según la denuncia difundida junto con imágenes de uno de los establecimientos afectados, los locales deben esperar hasta las 20 para sacar la basura, aunque algunos terminan su jornada comercial como máximo a las 18.
LA DERECHA FUNDIENDO PYMES no importa cuando leas esto.
— Joel (@Joepsi) August 31, 2026
Jorge Macri esta clausurando locales, por sacar la basura antes de las 8 de la noche. Cuando los locales cierran COMO TARDE a las 18.00
El tipo es capaz de fundir empresas con tal de RECAUDAR GUITA CON MULTAS. pic.twitter.com/0R0G8rjqZ0
El planteo expone una contradicción bastante menos sofisticada que cualquier discurso sobre orden y eficiencia. Si un comercio ya cerró sus puertas dos horas antes del horario permitido para disponer los residuos, la exigencia obliga en los hechos a que alguien permanezca esperando únicamente para sacar las bolsas. De lo contrario, aparece la sanción.
En las imágenes difundidas puede verse una persiana metálica con un cartel rojo de “CLAUSURADO”, mientras una mujer señala la medida tomada sobre el establecimiento. La escena terminó convertida en la postal de una discusión que golpea directamente sobre pequeños comerciantes, precisamente quienes tienen menos margen para absorber cierres, sanciones o jornadas artificialmente extendidas.
El cuestionamiento contra el Gobierno porteño va todavía más lejos. Quienes denunciaron la situación sostienen que el esquema termina funcionando como una herramienta para recaudar mediante multas, aun cuando los horarios establecidos no coincidan con la dinámica cotidiana de determinados negocios.
La Ciudad consigue así una curiosa interpretación del acompañamiento al sector privado. El comerciante puede terminar de trabajar a las 18, bajar la persiana y hacer las cuentas del día, pero aparentemente todavía le quedarían dos horas de guardia ceremonial junto a la bolsa de residuos. La libertad comercial termina teniendo horario administrativo.
Para una pyme, además, una clausura no es una reprimenda simbólica. Significa una persiana que no puede levantarse y una actividad que queda interrumpida. Cuando la infracción cuestionada surge de sacar la basura antes del horario fijado, la dureza del castigo empieza a parecer bastante más eficiente que la búsqueda de una solución compatible con los horarios reales de los negocios.
La administración de Jorge Macri queda así frente a una pregunta incómoda. Si los locales señalados efectivamente cierran a las 18, exigirles esperar hasta las 20 para cumplir con la disposición de residuos supone trasladarles un problema creado por la propia regulación. Y después sancionarlos por no resolverlo como pretende el Estado.
La crítica difundida resume el malestar con una acusación directa, que la Ciudad estaría dispuesta a perjudicar empresas con tal de cobrar multas. Sin necesidad de comprar completamente esa interpretación, la imagen de un comercio clausurado por una discusión sobre dos horas de diferencia para sacar la basura alcanza para dejar al Gobierno porteño en una posición difícil de defender.
Porque ordenar la disposición de residuos puede ser una obligación de cualquier administración. Convertir ese ordenamiento en una encerrona donde el comerciante debe elegir entre quedarse dos horas después del cierre o exponerse a una sanción ya es otra cosa. Ahí la eficiencia pública empieza a tener un parecido demasiado incómodo con la burocracia que castiga primero y pregunta después.
