Papelón municipal
Un funcionario de Alak despreció el triunfo de la Catedral de La Plata, borró sus posteos y el Municipio calló
Alejo García Pintos, director del Teatro Municipal Coliseo Podestá, cuestionó el triunfo de la Catedral platense en un certamen internacional de redes, recibió una catarata de críticas y terminó borrando sus publicaciones. Desde la Municipalidad de Julio Alak no hubo explicaciones.
1° de Septiembre de 2026
La gestión de Julio Alak quedó envuelta en un incómodo episodio luego de que Alejo García Pintos, director del Teatro Municipal Coliseo Podestá, cuestionara públicamente la consagración de la Catedral de La Plata en el denominado Mundial de Catedrales y posteriormente eliminara sus publicaciones tras recibir fuertes críticas de vecinos.
La competencia, organizada por la cuenta chilena de Instagram Documentales de Bolsillo, no tenía reconocimiento de la UNESCO ni de ningún organismo internacional. Era una votación popular en redes sociales. Pero justamente ahí estaba buena parte de su atractivo. Miles de personas convirtieron una encuesta informal en una celebración alrededor de uno de los principales símbolos arquitectónicos de la capital bonaerense.
La Catedral de La Plata avanzó dejando atrás a templos como Notre Dame de París, el Duomo de Milán y la Catedral de Colonia. En la final obtuvo el 93 por ciento de los votos frente a la Catedral de Florencia, una diferencia que transformó aquella competencia digital en una enorme vidriera para la ciudad.
Mientras buena parte de La Plata aprovechaba el resultado para celebrar, compartir imágenes de la Catedral y promocionar uno de sus principales atractivos, desde una oficina cultural de la propia Municipalidad apareció alguien dispuesto a explicarles a los vecinos que estaban entusiasmándose de manera incorrecta.
García Pintos escribió en X que casi todo el periodismo estaba repitiendo lo del Mundial de las Catedrales y aseguró que la situación le provocaba “vergüenza ajena”. También buscó quitarle valor a la competencia porque había sido impulsada por una cuenta chilena que, según planteó, no era seria.
La discusión podría haber terminado allí. Un funcionario tiene derecho a considerar irrelevante una encuesta digital, incluso cuando esa encuesta beneficia simbólicamente a la ciudad cuyo Estado municipal integra. El problema comenzó cuando la superioridad cultural exhibida desde el teclado chocó con algo bastante menos sofisticado, cientos de platenses preguntándose por qué un funcionario público parecía tan molesto porque su propia ciudad tenía un motivo para festejar.
La respuesta fue todavía más llamativa. Después de recibir una catarata de cuestionamientos, García Pintos borró las publicaciones. La contundencia intelectual duró aproximadamente lo mismo que tardaron en llegar las capturas de pantalla.
Y ahí aparece el problema para Julio Alak. No porque haya escrito aquellos mensajes ni porque exista evidencia de que comparta personalmente las expresiones de García Pintos, sino porque el protagonista no es un vecino cualquiera que opinó desde su casa. Es el director de uno de los teatros municipales más importantes de La Plata y forma parte de su administración.
Una gestión que pretende conducir la capital bonaerense debería comprender que una tendencia favorable a uno de sus principales monumentos puede convertirse, como mínimo, en una herramienta gratuita de promoción. No hace falta entregarle una medalla de oro a un algoritmo ni declarar feriado municipal. Alcanza con tener cierta sensibilidad para reconocer cuándo la ciudad consigue exposición sin gastar un peso de los contribuyentes.
La Catedral de la Inmaculada Concepción es además uno de los emblemas indiscutibles de La Plata y una referencia central de su patrimonio arquitectónico. Que desde el área cultural municipal aparezca una reacción de semejante desdén resulta especialmente paradójico. Es como administrar una parrilla y enojarse porque alguien recomienda el asado.
El episodio tampoco terminó con los mensajes eliminados. Las capturas siguieron circulando y dejaron a la gestión municipal frente a una situación bastante más difícil de borrar que un tuit. Hasta el momento señalado en la información difundida, la Municipalidad no había publicado ningún comunicado explicando lo ocurrido.
El silencio de la administración Alak agrega otra capa al papelón. Si las expresiones de García Pintos fueron estrictamente personales, la conducción municipal tenía una oportunidad sencilla para despegarse. Si no representa la postura del gobierno local, bastaba con aclararlo. Pero el municipio eligió no decir nada y dejó que las capturas hablaran por todos.
También resulta difícil pasar por alto la contradicción política. Mientras cualquier intendencia busca mostrar patrimonio, atraer visitantes y colocar el nombre de su distrito fuera de sus fronteras, uno de los funcionarios culturales de La Plata decidió mirar una oportunidad de promoción desde arriba del hombro.
Después llegó la retirada digital. Primero apareció la sentencia sobre la supuesta falta de seriedad del concurso. Después, cuando los vecinos devolvieron la opinión, desaparecieron los posteos. Una curiosa modalidad de firmeza pública en la que las convicciones parecen tener botón de eliminar.
Nada convierte al Mundial de Catedrales en una certificación arquitectónica oficial y sería absurdo presentarlo de esa manera. Pero tampoco hacía falta hacerlo para comprender el fenómeno. Era entretenimiento, identidad local y promoción espontánea alrededor de un edificio que forma parte inseparable de La Plata.
Ese detalle parece haber resultado demasiado mundano para García Pintos. El funcionario cultural quiso discutir la legitimidad del campeonato cuando buena parte de la ciudad simplemente estaba disfrutando el campeonato. Terminó consiguiendo algo bastante distinto de lo que pretendía y convirtió una celebración platense en una discusión sobre la soberbia de un integrante del gobierno municipal.
Para Alak quedó el costo político de tener que cargar con un funcionario que primero despreció el fenómeno y después borró las pruebas de su entusiasmo crítico. Una escena que difícilmente entre en los folletos turísticos de la Municipalidad.
La Catedral, mientras tanto, conserva el resultado de la votación. García Pintos ya no conserva los tuits. Y la Municipalidad conserva algo bastante menos decorativo, otro episodio en el que el silencio oficial terminó haciendo más ruido que cualquier explicación.
