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Martes 14 de Abril de 2026

Rastros incómodos

Julio Alak aparece en el prontuario político de la operadora libertaria que hoy niega su pasado

El nombre del intendente de La Plata se cuela en la historia laboral de Pilar Ramírez, figura clave del mileísmo que rechaza cualquier vínculo con el kirchnerismo.

14 de Abril de 2026

En política, la memoria suele ser selectiva, pero los archivos tienen una costumbre incómoda: no desaparecen. Mientras Pilar Ramírez se esfuerza por despegarse de cualquier vínculo con el kirchnerismo y repite que “jamás militó en La Cámpora”, su recorrido laboral deja huellas que conectan con nombres difíciles de esquivar, entre ellos el de Julio Alak.

La actual operadora clave de Karina Milei, pieza central del armado libertario en CABA, tuvo paso por Aerolíneas Argentinas durante la gestión de Mariano Recalde, uno de los emblemas del kirchnerismo. Pero no solo eso: también trabajó bajo estructuras políticas vinculadas a Alak, otro nombre pesado dentro del ecosistema peronista bonaerense. Demasiadas coincidencias para alguien que hoy intenta vender pureza ideológica como si fuera un producto recién salido de fábrica.

El problema no es haber trabajado en el Estado ni haber compartido espacios con dirigentes de otro signo político. El problema es el relato. Porque mientras Ramírez niega con énfasis cualquier cercanía con La Cámpora, su historial laboral se parece más a un GPS que marca paradas en estaciones bastante conocidas del kirchnerismo. Y ahí es donde la discusión deja de ser técnica para volverse política: ¿es una outsider o simplemente alguien que cambió de camiseta cuando cambió el viento?

En ese rompecabezas, la figura de Alak no es menor. Representa una forma de hacer política asociada a estructuras clásicas de poder, esas que el discurso libertario promete dinamitar pero que, en los hechos, parecen haber servido como plataforma para varios de sus cuadros. El dato incomoda porque expone una contradicción: mientras se demoniza al pasado, se reciclan sus protagonistas.

El ascenso meteórico de Ramírez dentro de La Libertad Avanza, consolidado tras desplazar a Ramiro Marra y convertirse en una de las principales espadas de Karina Milei, muestra otra capa del fenómeno. No es solo una cuestión de discurso, sino de cómo se construye poder. Y en ese armado, las trayectorias importan, sobre todo cuando desmienten la narrativa oficial.

Como si fuera poco, su entorno también suma volumen político. Su pareja, Darío Wasserman, hoy al frente del Banco Nación, consolida un eje de influencia que combina política, negocios y manejo de recursos. Una dupla que se mueve con comodidad en los pasillos donde se decide más de lo que se dice.

 

Al final, la historia tiene algo de déjà vu argentino: dirigentes que reniegan de su pasado mientras lo utilizan como trampolín. Y en ese juego, nombres como el de Julio Alak aparecen como recordatorio de que, en política, cambiar el discurso es fácil… lo difícil es borrar las huellas.

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