Agua hasta el cuello
La Plata: donde el asfalto es opcional y el barro es patrimonio cultural
Vecinos del Barrio de la Bajada denuncian inundaciones crónicas, obras prometidas que nunca llegaron y un Estado local que aparece solo para cobrar, pero no para drenar.
3 de Febrero de 2026
En Tolosa no hace falta una catástrofe climática para que el agua entre a las casas. Alcanza con que llueva fuerte. El Barrio de la Bajada lo sabe desde hace años y lo vuelve a sufrir cada vez que el cielo se carga. El agua baja desde la avenida 120 como si fuera un tobogán urbano y termina adentro de las viviendas, sin desagües, sin defensas y sin que el Municipio de La Plata mueva algo más que comunicados.
La escena se repite con una lógica cruel: la calzada más alta, las casas más bajas y un diseño urbano que empuja el problema hacia donde viven los vecinos. No es una sorpresa, no es nuevo y no es imprevisible. Es, directamente, abandono planificado. Silvina lo resumió sin vueltas: setenta años de historia familiar en el barrio y ninguna solución estructural para un problema que se agrava año tras año.
El reclamo tiene un dato que incomoda al relato municipal. Los vecinos pagan como zona residencial, pero conviven con una avenida detonada, sin asfalto digno ni drenajes básicos. Es decir, el Estado local cobra como si prestara servicios urbanos completos, pero administra el barrio como si fuera una periferia descartable. La cuenta llega puntual; las obras, nunca.
La historia empeora cuando aparece el archivo. En 2013 y 2014 el barrio ganó el Presupuesto Participativo. Estaban previstas obras de asfalto, desagües y luminarias. No era una promesa de campaña ni un render: era un mecanismo institucional votado por los propios vecinos. Sin embargo, los trabajos jamás se hicieron. Pasaron gestiones, cambiaron los nombres en el despacho principal y el resultado fue siempre el mismo: la plata no se vio y las obras no aparecieron.
Primero fue la gestión de Pablo Bruera. Después, ocho años de Julio Garro. Entre uno y otro, más de una década perdida mientras el agua seguía entrando a las casas. El Municipio cambió de color político con la llegada de Julio Alak, fiel al gobernador Axel Kicillof, de slogans y de prioridades, pero mantuvo intacta una constante: Tolosa podía esperar. O, mejor dicho, podía inundarse.
Hoy el reclamo vuelve a chocar contra una pared conocida. No hay respuestas claras, no hay funcionarios recorriendo el barrio y ni siquiera está claro quién es la autoridad local a la que hay que reclamarle. Delegados que no aparecen, obras que no arrancan y un Estado municipal ausente incluso para dar explicaciones. La gestión se vuelve abstracta justo cuando la realidad es más concreta que nunca: barro, agua y miedo cada vez que llueve.
Lo más inquietante no es solo la inundación. Es la sensación de intemperie política. Vecinos que reclaman obras básicas, seguridad y presencia estatal, y reciben silencio. En La Plata se planifican corredores, se anuncian proyectos y se discuten prioridades urbanas, pero hay barrios donde el progreso sigue siendo una palabra ajena.
