¡Aparecé Alak!
La Plata: el pozo de 40 y 115 se traga años de reclamos y la paciencia de un barrio entero
El pozo que el dinero no tapa: vecinos del Barrio Hipódromo cursan el tercer invierno esquivando el socavón que la intendencia prefiere no ver.
19 de Agosto de 2026
El mapa de obras de Julio Alak tiene dos coordenadas bien diferenciadas: las plazas que lucen para la foto y los baches que se tragan la realidad. En 40 y 115, a metros de una parada de colectivos, un socavón gigante lleva más tiempo en el barrio que muchos de sus habitantes. No es un pozo común. Es una declaración de principios: acá no pasa nadie, salvo los vecinos que arriesgan el tren delantero cada mañana.
Mientras la gestión municipal destina cifras millonarias a embellecer espacios verdes que ya estaban bien, el Barrio Hipódromo sigue esperando que alguien baje del escritorio y pise el barro. Pero no, el asfalto roto no entra en el PowerPoint de los logros. No hay ribbon que cortar, no hay discurso emotivo, no hay selfie con obreros posando. Hay un cráter urbano que crece como metáfora de una administración que mira para otro lado cuando el problema no luce.
Los vecinos ya perdieron la cuenta de los reclamos. Mensajes al 147, notas en mesa de entrada, fotos etiquetando al intendente en redes. Respuesta: silencio administrativo con aroma a indiferencia. El pozo, mientras tanto, se profundiza. Ya no es solo un riesgo para autos, es una trampa para motos, bicicletas y peatones distraídos. Pero claro, repararlo no deja título en los diarios. Mejor inaugurar un cantero con plantas que duran lo que dura el flash de la cámara.
Lo curioso es que el presupuesto municipal nunca falta para lo que brilla, pero siempre escasea para lo que duele. Alak parece haber adoptado la lógica del maquillaje urbano: si no se ve desde el Palacio Comunal, no existe. El bache de 40 y 115 es la prueba de que la ciudad tiene dos caras: la que sale en las gacetillas y la que los vecinos padecen todas las mañanas cuando tienen que esquivar el pozo como si fuera una prueba de manejo.
El intendente, que tanto habla de modernización y eficiencia, debería explicarles a los jubilados que bajan del colectivo cómo se come un pozo de esos con el bastón. O a los padres con cochecitos cómo sortean el obstáculo mientras los colectivos frenan a metros del abismo. Pero no, seguro está muy ocupado planificando la próxima plaza con luces led que nadie pidió.
Mientras tanto, el cráter de 40 y 115 sigue ahí, imperturbable, como un recordatorio de que en La Plata las prioridades se miden en metros cuadrados de césped nuevo, no en metros cúbicos de asfalto faltante. Alak puede inaugurar todo lo que quiera, pero el barrio Hipódromo ya sabe: cuando el intendente promete, el pozo se ríe.
