Basura política
Mientras Alak ve ñoquis en las cooperativas, los platenses ven suciedad en Plaza Moreno
El intendente defiende la licitación y el ahorro, pero las 300 familias que montaron un basural frente a su despacho le recordaron que la eficiencia también tiene olor.
10 de Agosto de 2026
La Plaza Moreno amaneció este lunes con un paisaje que ningún turista espera encontrar en el corazón de La Plata. Más de 300 cooperativistas del Movimiento de Trabajadores Excluidos montaron un basural a cielo abierto frente al Palacio Municipal para reclamar por la reincorporación a sus puestos de trabajo, después de que la administración de Julio Alak decidiera excluir a las cooperativas de reciclado del nuevo pliego de licitación para la limpieza urbana.
La protesta tuvo una coreografía tan clara como desesperada. Los manifestantes descargaron camiones con bolsas verdes en pleno centro y comenzaron a clasificar los residuos como lo hacen a diario, pero esta vez con la tribuna pública como escenario. Jessica Rosales, de Recicladores Unidos, explicó que el objetivo era mostrarle a la ciudad lo que se pierde con la desvinculación del sector. Lo que no dijo es que el intendente ya parece haber hecho esa cuenta y le dio cero.
El conflicto estalló cuando la Municipalidad decidió cortar de cuajo la contratación directa de los servicios de reciclado que históricamente estaban en manos de estas cooperativas. En el nuevo sistema de mantenimiento y limpieza, Alak obvió las tareas específicas de recolección diferenciada, dejando a los trabajadores sin posibilidad de competir en las licitaciones. La decisión, en términos prácticos, significó un despido masivo envuelto en papel de pliego técnico.
Los cooperativistas denunciaron que hace más de un mes ningún funcionario se dignó a atenderlos. La sordera municipal fue tan absoluta que la única respuesta que obtuvieron fue el silencio administrativo y, días después, los dardos verbales del propio intendente. Alak salió a cruzar a los manifestantes por los incidentes en la sede comunal y los calificó como "bandas para-políticas" que buscan sostener mecanismos irregulares con fondos públicos. El jefe comunal insistió en que detectó ñoquis, trabajadores que no viven en La Plata y casos de doble empleo.
El argumento de Alak suena razonable si uno se queda con su discurso de la eficiencia y el ahorro destinado a obras. Pero el problema es que su gestión no presentó una alternativa de transición para los trabajadores que quedaron en el medio. La licitación pública es impecable sobre el papel, pero en el territorio deja a 300 familias sin ingresos y a la ciudad con un basural en la plaza que el intendente prefiere fotografiar desde el balcón antes que resolver.
Lo más irritante del operativo comunicacional de Alak es esa pose de gestor austero que desprecia a los "militantes políticos rentados" mientras pasea su imagen de hombre probo por las obras que promete financiar con el ahorro. El intendente se olvida de que la plata de los contribuyentes no solo se derrocha con ñoquis, también se derrocha con contratos mal planificados que generan conflictos sociales y dejadez política. Su respuesta a la protesta fue la misma que la de un vecino que ve una mancha y prefiere cambiar el piso antes que limpiarla.
Los cooperativistas cerraron la jornada con la esperanza de que la visibilidad de su trabajo abra canales de negociación. Pero Alak ya dejó claro que su plan de ciudad no incluye a los recicladores, solo a las empresas que se lleven la licitación. La capital bonaerense merece una gestión que entienda que la limpieza no es solo una cuestión de pliegos, sino de personas que levantan los residuos mientras los políticos se lavan las manos.
