¿Derrumbe inventado?
A Jorge Macri se le dio por jugar al Monopoly: echó a vecinos de décadas para hacer negocios inmobiliarios
Seis familias fueron expulsadas de un conventillo en La Boca por un supuesto riesgo estructural que especialistas independientes niegan mientras el Gobierno porteño les impide recuperar sus pertenencias.
30 de Enero de 2026
Mientras la gestión porteña vende modernización urbana y orden administrativo, en la práctica la escena fue otra: familias enteras desalojadas de golpe y sin margen de reacción, con chicos, jubilados y trabajadores mirando cómo la Guardia de Auxilio cerraba el paso a casas que ocupan hace décadas.
? GRAVE DENUNCIA: AMENAZAS A PERIODISTAS@YairCybel informó en #Bonavitta530 sobre el violento accionar policial durante un desalojo ilegal en un conventillo de La Boca. ?♂️?️
— Somos Radio AM 530 (@somosradioam530) January 30, 2026
El fotoperiodista Nicolás Hernández (@Grito_delSur) fue amenazado por las fuerzas de seguridad, quienes… pic.twitter.com/tMgqMoVmO5
Johanna, como otros vecinos de Melo 580, lleva una semana sin dormir. No es metáfora: perdió su casa y quedó literalmente en la calle junto a otras seis familias que vivían allí, algunas desde hace más de treinta años. No sólo fueron desalojados: tampoco pueden ingresar a retirar ropa, muebles ni electrodomésticos. La orden fue salir y punto.
La explicación oficial del gobierno que encabeza Jorge Macri habla de una pared con riesgo de derrumbe. Sin embargo, los vecinos contrataron a un arquitecto que inspeccionó el lugar y asegura que no existe peligro estructural inmediato, lo que deja flotando una pregunta incómoda: ¿emergencia edilicia real o limpieza exprés de terrenos incómodos en un barrio cada vez más codiciado por el mercado inmobiliario?
La Boca hace rato dejó de ser sólo postal turística para convertirse en un territorio disputado por desarrolladores y negocios inmobiliarios. En ese tablero, los vecinos de conventillos parecen fichas descartables: primero se declara el riesgo, después se vacía el inmueble y finalmente aparecen proyectos de “puesta en valor”.
El mensaje que queda para quienes sostienen barrios populares desde hace décadas es claro: si el terreno vale más que tu historia, tu historia pierde. Y en esa ecuación, la gestión porteña eligió números antes que personas.
