Termómetro porteño
De la “capital modelo” al fastidio premium, el desgaste de Jorge Macri ya se escucha hasta en Palermo
Una encuesta mostró que más de la mitad de los porteños está insatisfecha con la gestión, mientras crecen las críticas por basura, tránsito, inseguridad y falta de rumbo político.
22 de Mayo de 2026
Los números empezaron a hacer un ruido incómodo en la Ciudad de Buenos Aires y esta vez ni el maquillaje amarillo ni el manual del “todo está bajo control” alcanzaron para taparlo. Una encuesta de Praxis Consultora dejó expuesto el desgaste de la gestión de Jorge Macri, que ya cosecha más rechazo que apoyo en el distrito que durante años funcionó como la vidriera premium del PRO.
¿Y el Jefe de Gobierno?
— Praxis Consultora (@PraxisCons) May 22, 2026
Jorge Macri: 27% positivo — 48% negativo.
Más rechazo que apoyo. Sin identidad propia clara. La gestión no logra consolidarse ni instalar su agenda: 52% ni sabe que existe la política de créditos para primera vivienda. pic.twitter.com/jER4mCRqb2
El relevamiento mostró que el 55 por ciento de los porteños está insatisfecho con la gestión y que casi la mitad quiere que otro espacio político gobierne la Ciudad en 2027. Un dato que para el macrismo porteño equivale a ver humedad en Puerto Madero. La marca que durante años se vendió como sinónimo de eficiencia ahora aparece asociada a basura acumulada, embotellamientos eternos y una sensación de inseguridad que crece incluso en barrios históricamente blindados.
La postal es bastante cruel para Jorge Macri. Llegó a la Ciudad como el primo importado desde Vicente López para “continuar el modelo”, pero la percepción pública empieza a parecerse más a un gerente administrando inercias que a un líder político con identidad propia. La encuesta le da apenas 27 por ciento de imagen positiva contra un 48 por ciento negativa. Traducido al idioma porteño, el vecino ya no toca bocina solamente en la General Paz.
Entre los principales reclamos aparece la limpieza urbana, un clásico que el PRO supo convertir en bandera estética durante años y que ahora se le vuelve en contra como una bolsa de residuos rota en verano. El 52 por ciento calificó negativamente el estado de limpieza de la Ciudad y apenas un 22 por ciento la aprobó. La gestión que alguna vez prometía “vivir mejor” hoy queda atrapada en montañas de bolsas negras y contenedores desbordados.
El tránsito tampoco ayuda a maquillar el panorama. Más de la mitad calificó la circulación como mala o muy mala y la congestión vehicular lidera las quejas. Buenos Aires parece administrada por alguien que mira Google Maps desde Nordelta. A eso se suma una percepción creciente de inseguridad, con un 66 por ciento de personas que aseguran sentirse inseguras y un 62 por ciento que afirma que aumentó la cantidad de gente en situación de calle. Un combo incómodo para una gestión obsesionada históricamente con la estética urbana y el marketing político.
La encuesta también golpea donde más le duele al macrismo moderno, la comunicación. Más de la mitad de los consultados ni siquiera sabe que existe la política de créditos para primera vivienda impulsada por la gestión. En otras palabras, Jorge Macri no solo tiene problemas para convencer, también tiene problemas para que alguien registre qué está haciendo. Un pecado capital para un espacio político que convirtió el marketing en doctrina y las obras públicas en escenografía permanente.
Mientras tanto, en el laboratorio político del PRO empiezan a mirar los números con la misma cara de preocupación con la que un taxista mira el medidor detenido en Avenida Corrientes. Porque la Ciudad que durante años fue presentada como el bastión inexpugnable del macrismo empieza a mostrar síntomas de fatiga, desgaste y hartazgo. Y cuando hasta el votante porteño empieza a cansarse del “equipo de gestión”, el problema ya no es solo de percepción. Es político.
