Tormenta y desidia
De las obras millonarias al agua hasta la vereda: la gestión de Jorge Macri queda atrapada en un Palermo inundado
La caída de hasta 150 milímetros de lluvia expuso fallas en el sistema pluvial y desnudó el contraste entre las recomendaciones oficiales y una ciudad que no responde cuando más la necesita.
15 de Abril de 2026
La escena en Palermo fue bastante menos glamorosa que la postal habitual: autos varados, calles convertidas en canales improvisados y una avenida Dorrego directamente colapsada, como si la planificación urbana hubiera decidido tomarse licencia justo en medio del temporal. Mientras tanto, la gestión de Jorge Macri ofrecía un consejo casi doméstico: cuidado con las macetas en los balcones.
Jorge macri el peor jefe de gobierno de capital federal de la historia https://t.co/ALskTTEPOS
— Californication ? (@Californiaa77) April 15, 2026
Las lluvias, que dejaron entre 90 y 150 milímetros en menos de 12 horas, hicieron lo que suelen hacer cuando el sistema no responde: exponerlo todo. En Dorrego, entre Libertador y Figueroa Alcorta, el agua no drenó y el tránsito quedó paralizado durante horas. No fue un fenómeno extraordinario sino la combinación conocida de tormenta intensa, rejillas tapadas y un sistema que, pese a años de obras anunciadas, sigue reaccionando tarde.
A pocas cuadras, la postal se repetía. En Libertador y Ortiz de Ocampo el agua llegaba a la vereda antes de las 6 de la mañana, mientras los alrededores del Planetario y los Bosques de Palermo mostraban la misma escena: acumulación, demoras y vecinos resignados. Una especie de déjà vu hidráulico en una ciudad que se vende como preparada para eventos extremos, pero que vuelve a fallar cuando la lluvia aprieta.
El problema no quedó solo en la superficie. Más de 10 mil usuarios se quedaron sin luz entre Edesur y Edenor, y en la línea D del subte los pasajeros denunciaban pasillos anegados. “No puede ser que esté todo inundado si viven cerrando por obras de renovación”, se quejaban. Una frase que resume bastante bien la distancia entre la obra prometida y el resultado real.
En paralelo, el Servicio Meteorológico Nacional había emitido alertas por lluvias intensas, anticipando lo que finalmente ocurrió. Es decir, no fue sorpresa. Y sin embargo, la respuesta volvió a girar en torno a recomendaciones individuales, como si el problema fuera una silla mal puesta en un balcón y no un sistema urbano que no logra absorber lo que cae.
El temporal también golpeó fuerte en el conurbano, con calles anegadas en Quilmes, Avellaneda y otras zonas, pero el foco en la Ciudad volvió a dejar una pregunta incómoda flotando, como el agua en Dorrego: si después de años de obras, cierres y anuncios, una lluvia intensa sigue convirtiendo Palermo en un espejo gigante, ¿el problema es la tormenta o el relato de una ciudad que promete más de lo que puede drenar?
