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Miércoles 5 de Agosto de 2026

Patrimonio en jaque

El PRO derriba fachadas y esperanzas: Jorge Macri administra el olvido en las calles

Denuncias vecinales destapan el abandono planificado de una ciudad que el PRO dejó en manos de la piqueta y la indiferencia.

4 de Agosto de 2026

Vecinos de Av. Pueyrredón entre Santa Fe y Alvear alzaron la voz este martes ante una escena que ya se repite como una pesadilla burocrática: dos construcciones de valor arquitectónico agonizan en un gris de abandono, esperando el beso final de la demolición. No es un caso aislado, sino la consecuencia lógica de un plan que el PRO cocinó en 2016 y que la gestión de Jorge Macri heredó con la misma pasión que un empleado público que mira el reloj: cero interés, cero gestión, cero memoria.

El reclamo no es caprichoso. Detrás de esos muros hay historia de la migración europea, identidad de barrio, patrimonio que ningún ladrillo nuevo puede reemplazar. Pero para este gobierno porteño, la cultura es un gasto y el auspicio privado una excusa que nunca usan. Prefieren el silencio administrativo antes que mover un expediente para preservar lo que les queda grande: la voluntad política. El mismo plan que arrasó con bares notables ahora amenaza con convertir otra esquina en un local de venta de zapatillas o una cadena de comida rápida, porque en la ciudad de los mil proyectos, la conservación es una molestia.

A 50 metros, otro edificio con nombre grabado en piedra espera el mismo destino. El arquitecto que lo diseñó dejó su firma para la posteridad, pero parece que nadie en el PRO sabe leer placas si no vienen con un número de expediente aprobado. Jorge Macri, que tuvo tiempo de sobra para recorrer obra pública con sonrisa de foto, no encuentra cinco minutos para frenar una topadora. La pregunta que los vecinos dejaron flotando no es menor: ¿cómo se explica que no haya políticas activas para incentivar a privados a cuidar el patrimonio, cuando el Estado brilla por su ausencia?

La respuesta es incómoda: porque no les importa. Porque el PRO gobierna para el negocio inmobiliario, no para el barrio. Porque derribar es más rápido que restaurar, y porque una ciudad sin pasado es más fácil de llenar de cemento y especulación. Mientras Macri se fotografía con obras faraónicas en otros puntos de la ciudad, el centro porteño se desangra en demoliciones silenciosas, sin que nadie ponga el grito en la Legislatura salvo algunos vecinos que todavía creen que el voto sirve para algo más que cambiar el color de las baldosas.

La identidad de una ciudad no se negocia, pero este gobierno la remata en cada esquina. Y lo peor no es la demolición en sí, sino la complicidad de una gestión que mira para otro lado mientras los escombros tapan la historia. Jorge Macri recibió el bastón y los planos del desguace, y en lugar de frenarlo, acelera. Porque en el PRO, cuidar el patrimonio es cosa de nostálgicos; gobernar es darle permiso a la piqueta.

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