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Jueves 15 de Enero de 2026

Palermo no es una burbuja

El susto que pudo ser tragedia y reabre el malestar con la salud bajo Jorge Macri

El derrumbe en un centro médico de Palermo dejó heridos y reavivó las denuncias por el deterioro de la salud porteña bajo la administración del PRO.

13 de Enero de 2026

El episodio ocurrió en pleno horario de atención, con pacientes esperando su turno, y expuso una postal que en la Ciudad de Buenos Aires ya no sorprende: el colapso físico de un sistema que acumula advertencias, reclamos y denuncias. En el Centro Médico de OSECAC, ubicado sobre la avenida Medrano, el cielorraso del primer piso se desprendió de manera abrupta y dejó al menos seis personas heridas, que debieron ser asistidas y trasladadas a hospitales públicos como el Durand, el Fernández y el Ramos Mejía.

El SAME intervino con un operativo de gran magnitud, con más de veinte móviles, bomberos, rescatistas y personal policial. No hubo víctimas fatales, pero sí pacientes con traumatismos de cráneo y lesiones, además de decenas de personas evacuadas. La escena fue clara: placas caídas, perfiles metálicos sobre las sillas de espera, cables colgando y una sala inutilizable. Una imagen difícil de disimular en una de las zonas más transitadas y valorizadas de la Ciudad.

Mientras se investigan las causas del derrumbe, entre ellas, la posible incidencia de una obra lindera, el hecho vuelve a poner en primer plano un problema más amplio: el estado de la infraestructura sanitaria porteña y los controles que dependen del Gobierno de la Ciudad. Desde hace meses, usuarios, profesionales de la salud y organizaciones vienen señalando falencias edilicias, falta de mantenimiento y respuestas tardías ante situaciones de riesgo. El derrumbe en Palermo no aparece como un hecho aislado, sino como un síntoma.

En este contexto, la responsabilidad política recae inevitablemente sobre la gestión de Jorge Macri, que asumió prometiendo orden, eficiencia y gestión, pero enfrenta una creciente lista de reclamos en hospitales y centros de salud. No se trata solo de discursos o anuncios, sino de estructuras que deben sostenerse literalmente para no poner en peligro a quienes buscan atención médica.

 

Desde OSECAC se anunció la conformación de un comité de investigación y se expresó solidaridad con los heridos, mientras la Policía de la Ciudad quedó a cargo de la custodia del edificio. Sin embargo, más allá de los comunicados, el episodio deja una pregunta incómoda para el oficialismo porteño: cuántas alertas más necesita el sistema de salud para que el mantenimiento y los controles dejen de ser una promesa y pasen a ser una prioridad efectiva.

El derrumbe del cielorraso en el centro médico de OSECAC no fue el único episodio reciente que encendió alarmas en Palermo. Apenas unos días antes, el 9 de enero, una persona que se encontraba tomando café en la vereda de un local gastronómico del barrio fue herida de gravedad por la caída de un vidrio desde un edificio. El hecho ocurrió a plena luz del día, en un área de alto tránsito peatonal, y volvió a exponer fallas en los controles edilicios y en el mantenimiento de inmuebles privados, una competencia que depende de la fiscalización del Gobierno porteño.

Ambos episodios, ocurridos en el mismo barrio y en un lapso mínimo de tiempo, refuerzan una secuencia que ya no puede leerse como accidental. Derrumbes, desprendimientos y riesgos estructurales aparecen en zonas donde la Ciudad concentra inversión inmobiliaria, turismo y consumo, pero donde los mecanismos de inspección parecen llegar siempre después del daño. En ese marco, las declaraciones del jefe de Gobierno, Jorge Macri, quien días atrás afirmó que “la Capital es tan segura”, contrastan con hechos concretos que muestran a vecinos y pacientes expuestos a situaciones evitables.

 

Lejos de tratarse de episodios aislados, la reiteración de incidentes en Palermo instala un interrogante central sobre el estado general de la Ciudad y la eficacia de los controles. La combinación de edificios deteriorados, obras en ejecución sin supervisión clara y un sistema de inspecciones que llega tarde configura un escenario donde la seguridad urbana y sanitaria queda librada al azar, mientras las respuestas oficiales se limitan a comunicados y promesas de investigación posteriores al colapso.

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