La recaudación tributaria registró en febrero una nueva baja en términos reales y completó siete meses consecutivos de retroceso frente a la inflación, en un contexto de menor presión impositiva, conflictos gremiales y consumo estancado.
Según informó la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, los ingresos totales alcanzaron 16,23 billones de pesos, con una suba nominal del 20,1 por ciento interanual. Sin embargo, frente a una inflación del 32,4 por ciento en el mismo período, la caída real fue del 12,3 por ciento.
Entre los factores centrales aparece la reducción de alícuotas de Derechos de Exportación para soja, trigo y maíz, la eliminación de anticipos de IVA Aduanero y la derogación de la suspensión de certificados de exclusión en percepciones aduaneras.
A eso se sumaron menos días hábiles para el pago de tributos y una fuerte caída en la liquidación de exportaciones agroindustriales, afectadas por paros sindicales. Las entidades del complejo cerealero informaron ingresos por USD 1.289 millones, un 30 por ciento menos que el mes anterior.
Por fuente de ingresos, la Aduana mostró el peor desempeño, con una baja nominal del 16,8 por ciento. En la DGI, algunos tributos como Ganancias y Transferencia de Combustibles crecieron por encima de la inflación, pero el IVA y el impuesto a los Créditos y Débitos Bancarios se mantuvieron en terreno negativo real.
En tanto, los recursos destinados a la seguridad social también crecieron por debajo del aumento de precios, reflejando un mercado laboral que aún no logra despegar con fuerza.
La caída impactó en las provincias: las transferencias automáticas a distritos y CABA totalizaron 5,42 billones de pesos, con una baja real estimada del 7,4 por ciento. Todas las jurisdicciones registraron retrocesos ajustados por inflación.
Pese a que estimaciones privadas proyectan una leve mejora en la actividad económica, los números fiscales muestran que el rebote todavía no se traduce en mayor capacidad recaudatoria.
