El PRO convirtió un barrio popular en un laberinto griego
Jorge Macri convierte la Villa 31 en una isla: solo los muertos tienen permiso para salir
CABA corta calles para "ordenar" pero termina condenando a los vecinos a esperar la muerte en el embotellamiento.
13 de Julio de 2026
El cierre de accesos dispuesto por Jorge Macri en el barrio Mugica, ex Villa 31, no es una medida de seguridad, es una declaración de principios. Mientras los vecinos sobreviven entre chapas y cables pelados, el primo del ex presidente decidió que lo urgente era cortar calles, justo cuando las ambulancias y los bomberos necesitan llegar rápido. Porque sí, ayer, en ese mismo barrio, los cortes obligaron a los servicios de emergencia a dar rodeos insólitos para asistir a las familias.
Ayer, en el barrio Mugica (ex Villa 31), el cierre de accesos dispuesto por Jorge Macri obligó a ambulancias y bomberos a dar rodeos para asistir a las familias. Cada minuto de demora aumenta el riesgo en un barrio hacinado y con cortocircuitos e incendios frecuentes. pic.twitter.com/rcFhu9ik4O
— Revista Cítrica (@revistacitrica) July 13, 2026
Cada minuto de demora aumenta el riesgo en un barrio hacinado, y no es casualidad que justamente ahí, donde los cortocircuitos e incendios son tan frecuentes como los discursos vacíos del PRO, alguien haya pensado que cerrar accesos era la prioridad. La lógica es impecable para la mente de un Macri: primero el orden del tránsito, después, si sobra tiempo, la vida de los pobres. Ayer, mientras una ambulancia daba vueltas como un trompo perdido, algún iluminado en el Palacio de los Patos seguramente celebraba haber reducido el flujo vehicular.
El barrio Mugica no es un problema urbanístico, es un estorbo en la postal de la Ciudad Autónoma, y la gestión de Jorge Macri lo trata como tal. Porque cuando se cortan accesos y se condena a los vecinos a esperar una asistencia que no llega, lo que se está haciendo es un cerco sanitario de manual, pero al revés: no para aislar una epidemia, sino para que la pobreza no moleste en el centro. Ayer, los bomberos tuvieron que inventar rutas alternativas mientras las familias miraban el reloj y el humo, sabiendo que cada minuto que perdían en el embotellamiento podía ser el último para algún vecino.
La hipocresía de esta gestión no tiene techo. Mientras se gastan recursos en diagramar desvíos y colocar conos, las instalaciones eléctricas del barrio siguen siendo un campo minado. Pero claro, es más fácil cortar calles que cortar la indiferencia. Jorge Macri cree que el problema de la Villa 31 es el tránsito, cuando en realidad el problema es que su gobierno la ve como una mancha en el mapa que hay que ocultar, aunque sea a costa de que las ambulancias lleguen tarde y los incendios se lleven puestas las esperanzas de los que menos tienen.
