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Martes 19 de Mayo de 2026

Blindaje electoral

Jorge Macri llevó “Tormenta Negra” a las villas y la Iglesia le apagó el acting policial en plena misa

El operativo “Tormenta Negra” detonó una guerra inesperada entre el PRO porteño y la Iglesia villera, que acusó al Gobierno de criminalizar la pobreza mientras la Ciudad sobreactúa mano dura para no perder votos por derecha.

18 de Mayo de 2026

El megaoperativo policial lanzado por la gestión de Jorge Macri en los barrios populares de la Ciudad abrió una crisis política y social que ya salpicó de lleno al Gobierno porteño. Lo que en Uspallata imaginaron como una demostración de control y autoridad terminó derivando en una escena incómoda para el macrismo, con curas villeros, vecinos y hasta el arzobispo Jorge García Cuerva cuestionando públicamente el despliegue de 1.500 efectivos en distintos asentamientos porteños.

La administración PRO bautizó el procedimiento como “Tormenta Negra”, un nombre más cercano a una película de acción berreta que a una política social seria. La postal fue la de patrulleros, armas largas, motos y uniformados copando barrios donde hace años faltan cloacas, agua potable y urbanización real. Para el marketing de campaña quedó impecable. Para miles de vecinos, en cambio, fue otra madrugada de miedo, controles y humillaciones.

Desde el Barrio Mugica, García Cuerva destrozó el operativo durante una homilía que cayó como una bomba política en el despacho de Jorge Macri. El arzobispo sostuvo que la verdadera “Tormenta Negra” es el narcotráfico, el desempleo y el retiro del Estado. Traducido al castellano barrial, la Iglesia le dijo al PRO que no alcanza con entrar a las villas rodeado de cámaras y policías mientras afuera siguen vendiendo la fantasía de una Ciudad europea a cuadras de calles detonadas.

La bronca creció todavía más cuando vecinos y organizaciones sociales denunciaron robos de mercadería, clausuras arbitrarias y persecución contra trabajadores informales. Mientras desde el Gobierno hablaban de combatir búnkers narco, en los barrios aseguran que terminaron llevándose puestos a manteros, cartoneros y comedores comunitarios. El viejo truco de mezclar delincuentes con pobres para que la tribuna conservadora aplauda desde el sillón.

Jorge Macri intentó justificar el operativo desde el Centro de Monitoreo Urbano, rodeado de pantallas y estadísticas, como si administrar la desigualdad desde un búnker tecnológico alcanzara para tapar décadas de abandono estructural. Prometió deportaciones y defendió el accionar policial, aunque las imágenes y los relatos que llegaron desde las villas mostraron otra cosa. Porque cuando una gestión necesita meter 1.500 policías para demostrar autoridad, quizá el problema no sea solamente la inseguridad.

En el PRO saben que la pelea electoral con los libertarios les está corriendo el arco cada vez más a la derecha. Y en esa competencia absurda por ver quién parece más duro, las villas terminaron convertidas en escenario de casting para spots de campaña. Patrulleros entrando de madrugada, operativos cinematográficos y discursos punitivos para alimentar el algoritmo del miedo. Mano dura para TikTok.

El problema es que la jugada les explotó donde menos lo esperaban. La Iglesia villera salió a marcarles la cancha y recordó algo bastante incómodo para el macrismo porteño. No hay operativo espectacular que tape la falta de integración urbana real. Ni helicópteros, ni drones, ni policías armados hasta los dientes reemplazan el laburo, la educación y los servicios básicos que siguen faltando en buena parte de esos barrios.

También se sumaron las críticas de sacerdotes como Lorenzo “Toto” de Vedia, que advirtieron sobre el abandono histórico que atraviesan las villas porteñas. El mensaje fue demoledor porque expuso la contradicción más incómoda del PRO después de casi dos décadas gobernando la Ciudad. Mucha obsesión con las estadísticas de seguridad y muy poca capacidad para resolver el deterioro social que sigue creciendo a pocas cuadras de Puerto Madero.

 

El operativo abarcó barrios como la 1-11-14, la 21-24, Zavaleta y Ciudad Oculta. Hubo 27 detenidos, clausuras y secuestros de vehículos. Pero el verdadero saldo político fue otro. Jorge Macri quiso mostrarse como sheriff metropolitano y terminó enfrentado con una Iglesia que le recordó que gobernar no es solamente llenar la Ciudad de patrulleros mientras los problemas estructurales siguen pudriéndose abajo de la alfombra.

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