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Miércoles 1° de Abril de 2026

Nombramiento exprés

Jorge Macri recicló a Hernán Reyes y lo estacionó en el Estado

Tras quedarse sin banca y sin votos, el dirigente de la Coalición Cívica encontró lugar en el Gobierno porteño con un cargo estratégico.

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La política tiene esa elasticidad que permite pasar del discurso moral a la práctica acomodaticia en cuestión de días. Hernán Reyes, que venía de quedarse sin lugar en el Congreso y con mandato vencido en la Legislatura porteña, no tardó demasiado en encontrar refugio: Jorge Macri lo designó como Director General del Consejo de Planeamiento Estratégico, según el decreto firmado el 1 de abril de 2026.

El dato no es menor ni inocente. Apenas cinco días antes del cierre de alianzas, la Coalición Cívica lo presentaba como su candidato a diputado nacional, envuelto en el clásico packaging de “valores republicanos”, “respeto por la Constitución” y promesas de “terminar con la corrupción”. Una puesta en escena prolija, casi de manual, que duró lo que tarda en pasar una elección sin éxito.

Porque el resultado fue otro: Reyes no entró al Congreso y automáticamente pasó de candidato a funcionario, sin escalas, sin pausa y sin demasiadas explicaciones públicas. La transición fue tan directa que parece más un movimiento preacordado que una casualidad del calendario político.

El decreto lo oficializa sin rodeos. Mientras se aceptaba la renuncia del funcionario saliente, ya estaba listo el reemplazo. Cambio de nombre, continuidad del esquema y una señal clara: en la política porteña nadie queda afuera si sabe en qué vereda pararse. El Consejo de Planeamiento Estratégico, lejos de ser un cargo menor, funciona como un espacio de articulación institucional clave, lo que refuerza la idea de que no fue un simple “lugar para caer”.

La contradicción es difícil de disimular. Mientras desde la Coalición Cívica se insiste con diferenciarse de “los extremos” y levantar banderas éticas, la práctica termina pareciéndose bastante a esa vieja lógica de premios consuelo que supuestamente vienen a erradicar. La rosca, en definitiva, sigue siendo la misma, aunque cambien los discursos.

Y en el medio, Jorge Macri juega su propio partido: ordena, contiene y acomoda. No hace falta demasiada épica ni justificación ideológica. La gestión se vuelve una especie de tablero donde las piezas se mueven más por necesidad política que por mérito o competencia, con una precisión quirúrgica para evitar que alguien quede descolgado.

 

Así, mientras se habla de institucionalidad en los congresos partidarios, en la práctica la política sigue resolviendo sus internas puertas adentro, con decretos y cargos que aparecen justo cuando hacen falta. Nada nuevo bajo el sol porteño, pero con el detalle incómodo de que esta vez el contraste entre el discurso y la acción quedó demasiado expuesto.

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