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Martes 19 de Mayo de 2026

Campaña adelantada

Mientras Julio Alak sueña con la gobernación, La Plata se hunde entre motos, robos y vecinos aterrados

El intendente habla de “obras históricas” y arma reuniones políticas con dirigentes nacionales mientras en Tolosa los vecinos aseguran vivir sitiados por la inseguridad y abandonados por el municipio.

18 de Mayo de 2026

Julio Alak parece haber encontrado tiempo para todo menos para devolverle tranquilidad a los platenses. Mientras el intendente multiplica reuniones políticas, coquetea con un armado bonaerense y se muestra con dirigentes como Miguel Ángel Pichetto, Emilio Monzó y Diego Bossio, en los barrios de La Plata la sensación es otra. Robos, persecuciones en moto, miedo constante y vecinos que directamente sienten que la ciudad quedó liberada.

La escena tiene algo de clásico peronismo bonaerense de manual. Primero se habla de “gestión histórica”, después aparecen las fotos de las reuniones políticas, más tarde llegan los discursos grandilocuentes sobre el futuro de la provincia y, mientras tanto, el vecino común sigue mirando para todos lados cuando escucha una moto frenar en la esquina. En Tolosa ya ni siquiera discuten estadísticas. Hablan de supervivencia.

Alak firmó convenios con AUBASA y anunció obras viales millonarias con palabras pomposas sobre conectividad, desarrollo regional y seguridad vial. Todo muy prolijo para el PowerPoint institucional. El problema es que a muchos vecinos les cuesta entusiasmarse con un distribuidor nuevo cuando sienten que no pueden caminar tranquilos ni sacar el auto de noche sin miedo a terminar encerrados por delincuentes.

La contradicción empieza a hacerse obscena. Por un lado, el intendente aparece construyendo volumen político como si ya estuviera pensando en escalar dentro del peronismo bonaerense. Por el otro, en Tolosa los vecinos denuncian que viven rodeados de ladrones, motos que circulan de a tres personas y zonas completamente fuera de control. La famosa “presencia del Estado” parece funcionar bárbaro para las fotos, pero bastante floja para cuidar al que sale a trabajar.

En las últimas semanas, Alak intensificó contactos con intendentes y dirigentes de distintos sectores con la excusa de construir un espacio “sin exclusiones”. Esto significa empezar a acomodar fichas para el día después del kirchnerismo golpeado, fragmentado y cada vez más necesitado de reciclar caras conocidas. Porque en el peronismo bonaerense podrán cambiar los slogans, pero nunca la obsesión por seguir escalando.

Mientras tanto, en Tolosa la bronca ya desbordó cualquier filtro políticamente correcto. Vecinos apuntaron directamente al Barrio Nuevo como foco de delincuencia y reclamaron controles más duros. Algunos incluso pidieron cerrar accesos para evitar el movimiento de ladrones en moto. Declaraciones explosivas que muestran hasta qué punto llegó el hartazgo social en una ciudad donde muchos sienten que la política vive en una dimensión paralela.

El cuadro es incómodo para Alak. Porque mientras posa como armador provincial y habla de obras “trascendentales”, crece una sensación mucho más terrenal. La Plata aparece como una ciudad donde el miedo circula más rápido que las promesas de campaña. Y en política hay algo peor que una oposición fuerte. Es el vecino que deja de creer.

 

Quizás por eso las recorridas, los encuentros y las fotos empiezan a generar ruido incluso dentro del propio ecosistema peronista. Porque cuando un intendente empieza a mirar demasiado el mapa de la provincia, muchas veces deja de mirar la esquina donde le están robando al vecino.

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