Ciudad liberada
Polémica en La Plata: roban caños, cortan el gas y el municipio aparece después del desastre
Roban caños de bronce en varias cuadras, vecinos quedan a la intemperie y el municipio vuelve a llegar tarde, como si el abandono fuera política pública.
2 de Febrero de 2026
En Tolosa no amaneció el gas: amaneció el saqueo. Mientras el municipio de La Plata administra comunicados y gestos de ocasión, un delincuente recorrió varias cuadras arrancando caños de bronce de los medidores domiciliarios, dejando a familias enteras sin servicio básico. No fue un hecho aislado ni un descuido puntual: fue un paseo nocturno por una ciudad sin control.
Los vecinos de Gonnet y Villa Castells están sin agua en plena ola de calor.
— Micaela Fragasso (@micaelafragasso) January 26, 2026
Esto es responsabilidad del gobernador Axel Kicillof y de la falta de respuestas de la Provincia.
El acceso al agua es un derecho básico. Exigimos una solución inmediata. No se puede seguir mirando para… pic.twitter.com/vArej76qN9
La Asamblea Vecinal lo contó sin eufemismos. Calles completas afectadas, medidores violentados, vecinos desayunándose con la hornalla muerta y la sensación de siempre: acá puede pasar cualquier cosa. Desde 531 entre 2 y 5, hasta 4 bis, 528 bis, 529, 527, 522, 117 y 118. Un mapa del abandono, no del delito sofisticado.
La escena se repite y se normaliza. El bronce se roba porque vale, porque se vende fácil y porque nadie molesta. No hay cámaras que disuadan, no hay patrullajes que anticipen, no hay presencia municipal que prevenga. Hay reacción tardía y relato posterior. En este caso, la patrulla municipal apareció cuando el daño ya estaba hecho. Detuvieron a un sospechoso, lo llevaron a la comisaría sexta y listo: expediente para la foto, problema intacto para el barrio.
La gestión de Julio Alak vuelve a mostrar su marca registrada: gobernar con retrovisor. La seguridad urbana se administra como un trámite, no como una urgencia. Se corre detrás de los hechos, se acumulan denuncias vecinales y se responde cuando el escándalo ya está instalado. Mientras tanto, la vida cotidiana se encarece, se complica y se vuelve más frágil.
No se trata solo de caños robados. Se trata de vecinos sin gas, de hogares expuestos, de adultos mayores y familias que dependen del servicio. Se trata de un municipio que no controla el espacio público y de una ciudad donde el delito menor crece porque el Estado achica presencia.
Tolosa no fue una excepción. Fue un síntoma. Y cuando los síntomas se repiten cuadra tras cuadra, el problema ya no es el ladrón: es el gobierno local que permite que la ciudad se convierta en tierra de nadie.
