Cada vez más complicado
De las “desavenencias insalvables” al control del relato, Moyano baraja de nuevo su defensa judicial
Imputado por lesiones leves y privación ilegal de la libertad en un contexto de violencia de género, el sindicalista desplazó a Alfredo Gascón y Miguel Molina, cuestionó su trabajo y eligió nuevos letrados con experiencia jurídica y manejo político-mediático.
19 de Septiembre de 2026
Facundo Moyano volvió a mover las piezas de su defensa judicial y decidió apartar a los abogados que lo acompañaban desde su detención del 4 de agosto. El sindicalista, imputado por lesiones leves y privación ilegal de la libertad en un contexto de violencia de género, aseguró que la determinación fue exclusivamente suya y atribuyó el cambio a su disconformidad con el trabajo realizado por Alfredo Gascón y Miguel Molina.
La nueva defensa quedará en manos de Alejandro Valle y Darío Saldaño. Moyano explicó que con Valle también trabaja sobre cuestiones vinculadas con lo que considera una difusión errónea y con el tratamiento mediático del expediente. La elección no parece limitarse, entonces, a discutir escritos y pruebas dentro de Tribunales. El propio sindicalista reconoció que buscó a un profesional con mayor experiencia para administrar también la dimensión política y comunicacional del caso.
El recambio dejó además una interna expuesta. Molina y Gascón habían presentado su renuncia ante la fiscal Florencia Nocerez y hablaron de “desavenencias insalvables” respecto de la estrategia defensiva. Moyano rechazó esa explicación y sostuvo que simplemente estaba disconforme con el desempeño de sus abogados. El malestar, según allegados citados en la información difundida, fue particularmente marcado con Molina, a quien además unía una relación de amistad.
Moyano llegó incluso a definir el expediente como sencillo y afirmó que “ni siquiera existe una víctima”. Sin embargo, la causa continúa abierta y mantiene una imputación por lesiones leves y privación ilegal de la libertad en un contexto de violencia de género. A eso se agregó una investigación por presunta desobediencia para determinar si incumplió la restricción de contacto con Candela Arizaga y si se reunió con ella en un hotel.
El expediente se originó el 4 de agosto, cuando efectivos de la Policía de la Ciudad interceptaron a Moyano y a Arizaga, de 23 años, en Sucre y Virrey Vértiz, en Belgrano. La joven había salido corriendo del edificio donde vive el sindicalista, ubicado sobre avenida del Libertador al 5400.
El oficial inspector Matías Ríos sostuvo que observó a una mujer corriendo con un baby doll rojo y pidiendo auxilio, seguida por un hombre. Según dejó asentado, Arizaga manifestó en ese momento que había sido golpeada y mantenida contra su voluntad dentro del domicilio, hasta que encontró una oportunidad para salir y pedir ayuda.
Después, al declarar ante la fiscalía, Ríos afirmó que no había observado lesiones visibles en la joven. También explicó aspectos de aquella primera acta y de un testimonio posterior, una diferencia que pasó a formar parte del material analizado dentro de una causa que Moyano presenta públicamente como sencilla, aunque sigue acumulando actuaciones.
Otros testimonios incorporados al expediente tampoco describieron haber presenciado episodios de violencia. Atilio Césari, vecino del edificio, declaró que durante aquel fin de semana no escuchó movimientos ni gritos provenientes del departamento. Los empleados de seguridad Nelson Maza y Juan Ramón Pavón también afirmaron que no habían observado conflictos ni situaciones violentas entre la pareja.
La oficial Carolina Verón aportó otro elemento. Según declaró, durante su permanencia en el Hospital Pirovano Arizaga preguntó reiteradamente dónde estaba Moyano y cómo se encontraba. La agente aseguró que la joven manifestó “A mí no me hizo nada” y que nunca le relató que el sindicalista hubiera ejercido violencia contra ella.
La médica del SAME Rocío Averanga recordó que intentó preguntarle a Arizaga si había sido golpeada y describió las respuestas como vagas, que interpretó como negativas. Miriam García, empleada doméstica del departamento de Moyano, declaró además que había observado entre ambos una relación buena y cariñosa, a la que describió como una pareja normal.
Ese conjunto de testimonios constituye parte de la defensa que busca sostener Moyano. Pero tampoco elimina por sí solo la investigación iniciada a partir de lo ocurrido aquella mañana ni las imputaciones vigentes. Después de declarar, el sindicalista fue excarcelado y quedó sujeto a distintas pautas de conducta, entre ellas una restricción de acercamiento respecto de quien entonces era su pareja.
Ahora el movimiento más visible llegó por el escritorio de los abogados. Moyano decidió cambiar de equipo, cuestionó públicamente a quienes lo representaban y dejó claro que, además de la discusión judicial, le preocupa especialmente la batalla política y mediática alrededor del expediente. En una causa sensible, la defensa cambió de nombres y también dejó a la vista que la pelea por el relato público ocupa un lugar nada secundario.
