El tiempo - Tutiempo.net
Martes 28 de Abril de 2026

Trayectoria internacional

El ser humano no está hecho para comprender la vida sino para vivirla

El artista detalló sus inicios en la capital francesa, el rechazo de la industria, su crecimiento en escenarios independientes y los encuentros que definieron su identidad musical.

28 de Abril de 2026

Desde París, el cantante Jhosemaría De Niro repasa su recorrido artístico en Francia, su choque con la industria discográfica, el valor de la música en vivo y los encuentros que marcaron su carrera, como sus vínculos con figuras centrales de la cultura europea. En una charla íntima, reconstruye su camino lejos de lo comercial y deja una definición que sintetiza su filosofía de vida.

— Estás en París, entonces ¿qué emociones te moviliza la ciudad?

— Es difícil explicarlo pero básicamente se despiertan tantas horas vividas en su magnífico entorno, con su eterna y bella nostalgia y su arquitectura imponente. Alguien dijo que París es el arquetipo de la ciudad del siglo XIX, Nueva York la del XX y Seúl la del XXI.

En el pasado llegué a París con el sueño de dar un impacto especial. En primer lugar acudí a las discográficas. Luego descubrí que ese era el camino equivocado.

Las empresas de grabación no son creativas como la gente cree. Son frecuentemente mediocres. Si alguien acierta con algo, allí irán todas a imitar el producto para lograr el éxito que tuvo la primera. Y sigue siendo igual.

Las compañías que visité me decían que Julio Iglesias ya había hecho todo lo que yo proponía. Yo respondía que, respetándolo, ni yo ni mis canciones tenían que ver con su estilo. No había caso, no me comprendían. Comprendí que no escuchaban.

— ¿Qué o quiénes ayudaron tu derrotero en Francia?

— El primero fue Renaldo Cerri, presidente de la compañía CRC. Era un italiano radicado en París desde hacía mucho tiempo. Fue mentor de grandes artistas, en particular de Jairo, que por entonces era un superstar en el país y famoso como ningún otro argentino, a excepción de Carlos Gardel y Astor Piazzolla.

Me escuchó cantar y vio unos videos que le llevé desde España, donde ya había tenido buena acogida con mis primeros discos. Me dijo que cantaba muy bien, pero que no podía defender ese repertorio, porque el mundo se inclinaba hacia lo anglosajón, el rock y una progresiva vulgaridad. Me recomendó no grabar y apostar al vivo, donde había un público sensible.

— ¿Cómo siguió entonces tu camino?

— Empecé a recorrer La Rue Mouffetard, en el Barrio Latino de París, una calle muy antigua y llena de vida. Allí había muchos bistrós con música en vivo y dos de ellos me dieron la oportunidad de actuar.

Me convertí en “el maestro” para un grupo de jóvenes músicos. Un pianista de 24 años me dijo que tenía que ir a los mejores hoteles de París. Le pregunté cómo y me respondió que simplemente yendo.

Así fue como empecé a presentarme en hoteles de gran nivel hasta que uno me contrató, el Concorde Lafayette. Eran épocas soñadas, con sueldo y todo en regla. Después llegó una nueva etapa con agencias intermediarias y yo ya tenía un público que me seguía, lo que me permitió actuar también en teatros y en el interior.

— ¿Todo eso sin disco?

— Todo eso sin disco. Un día Michel Rivgauche, compositor muy ligado a Edith Piaf, quiso conocerme porque había escuchado en España una canción que yo había grabado en Madrid junto a Ricardo Moyano.

Su idea era hacer una versión en francés, como ocurrió con “La Foule”.

— ¿Se realizó esa idea?

— Sí. Escribió una versión titulada “L’amour est toujours mensonge”. Fue mi primera grabación en Francia, financiada por Charles Aznavour, que me escuchó cantar en su casa.

— Hay una anécdota con Aznavour. ¿Podés recordarla?

— Me llevaron a su casa para ver si financiaba una grabación. Canté “La Bohème” acompañado por él al piano. Me miró en silencio y dijo que no sabía que había compuesto un tango.

Le respondí que el texto tenía ese espíritu. Él aclaró que se refería a mi forma de cantar, de estilo gardeliano, y me dijo que no la perdiera porque sería mi sello.

— ¿Estuviste de acuerdo con esa observación?

— Ya me lo había dicho Michel, quien escribió que yo tenía la pasión italiana, el refinamiento francés y el acento inconfundible de Buenos Aires.

— ¿Qué siguió después?

— Un viaje a la Argentina, siete conciertos en el Teatro Avenida y otros centros culturales, y la grabación de un disco con piezas en francés y castellano que se vendió completamente.

También grabé “Jhosemaría canta en francés” con una orquesta dirigida por Daniel Berardi. Ese CD fue el primero que se publicó en Francia en 2002.

Después grabé con Mariano Mores “Tanguera”, y junto con la versión francesa de “No soy de aquí ni soy de allá” tuvo gran repercusión en Francia.

Por eso digo que me siento como un gladiador romano que ganó una pelea con una espada de cartón.

El ser humano no está hecho para comprender la vida sino para vivirla.

Interview (English)

— You are in Paris. What emotions does the city stir in you?

— It's difficult to explain, but it basically awakens so many memories of time spent in its magnificent surroundings, with its eternal, beautiful nostalgia, and its imposing architecture. Someone once said that Paris is the archetype of the 19th-century city, New York the 20th-century city and Seoul the 21st-century city.

I came to Paris dreaming of making a special impact. First, I went to the record companies. Then I realised that was the wrong approach.

Record companies aren't as creative as people think. They are often mediocre. If someone has a hit, they all rush to imitate it. And it's still the same today.

They told me Julio Iglesias had already done everything I was proposing. I replied that, with all due respect, my music had nothing to do with his style. They didn’t understand. I realised they weren’t listening.

— Who or what helped you on your journey in France?

— The first person was Renaldo Cerri, president of CRC. He had mentored many great artists, especially Jairo, who was a superstar in France.

He heard me sing and saw videos from Spain, where my first albums had been well received. He told me I sang very well but that my repertoire wouldn’t fit the current industry. He advised me to focus on live performances.

— How did you continue your path?

— I started performing in Rue Mouffetard, in the Latin Quarter. Many bistros offered live music and gave me opportunities.

I became “the maestro” among young musicians. One pianist told me I should go to the best hotels in Paris. I asked how, and he said simply by going.

Eventually, I was hired by the Concorde Lafayette. Those were dream years, with formal contracts and salaries.

— All that without a record?

— Yes, all without a record. One day Michel Rivgauche wanted to meet me after hearing one of my songs recorded in Spain. He proposed creating a French version.

— Did that idea materialise?

— Yes. He wrote “L’amour est toujours mensonge”. It became my first recording in France, financed by Charles Aznavour.

— Can you recall your anecdote with Aznavour?

— I sang for him at his home. After listening, he said he didn’t know he had written a tango. Then he clarified he meant my way of singing and told me not to lose it.

— Did you agree with that observation?

— Michel had already said something similar about my musical identity.

— What came next?

— I toured Argentina, performed in theatres, recorded albums and eventually released my first CD in France in 2002.

Later collaborations had strong impact in France.

That’s why I say I feel like a Roman gladiator who won with a cardboard sword.

Comentarios
Últimas noticias