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Viernes 17 de Julio de 2026

Noche de copas

Festejo albiceleste, descontrol municipal: Alak brilla por su ausencia en el faro de 7 y 50

El PRO exige sanciones y responsabilidades al intendente por los destrozos post-partido, mientras el jefe comunal parece haber aplicado la doctrina de la "mano invisible" de Milei en la seguridad, pero con resultados dignos de un circo criollo.

17 de Julio de 2026

El fútbol da alegrías, pero la gestión de Julio Alak da dolores de cabeza. Mientras la Selección Argentina bailaba en la cancha, el centro de La Plata se convertía en un ring de boxeo donde los kioscos hacían de lona y los comerciantes de sparrings involuntarios. El bloque PRO, liderado por el concejal Nicolás Morzone, salió a cruzar al intendente con la sutileza de un martillo hidráulico, señalando que los festejos por el pase a la final del Mundial fueron "absolutamente previsibles". Y vaya si lo eran. Predecible como un aumento de impuestos en su gestión, el vandalismo se tomó 7 y 50, pero el único que no estaba en el lugar era el responsable de prevenirlo.

El comunicado del PRO no es una simple queja; es un acta de constatación de una gestión que se duerme en los laureles mientras la ciudad arde en papel picado y destrozos. Los concejales señalaron los daños al puesto de diarios, las motos con escapes libres desgarrando el silencio y un desorden generalizado que solo podría igualarse a las finanzas municipales. Morzone y su tropa exigen que Alak identifique a los responsables, una tarea titánica para un intendente que parece tener más dificultades para enfocar su lente en la seguridad que para enfocarse en su propia reelección.

La defensa de Alak, si es que existe, probablemente se base en la cantinela de que "la cultura del esfuerzo" o la "responsabilidad ciudadana" son los pilares de la convivencia. Sin embargo, lo único que se esfuerza su gestión es en no aparecer cuando la goma de neumático quema en el asfalto. Exigir que "los delincuentes que destruyen el patrimonio" paguen por sus actos es una declaración de principios tan obvia como inútil si el Estado municipal se ausenta en su rol de garante del orden. El intendente, más perdido que turista en el bosque de la República de los Niños, parece haber delegado el control de las masas en la buena fe de los hinchas, una apuesta tan riesgosa como jugar al Loto con los números del DNI de Néstor.

Mientras los comerciantes cuentan los vidrios rotos y el PRO pide cabezas, la pregunta que queda flotando en el aire platense es si Alak está esperando que los propios vecinos se organicen en patrullas ciudadanas o si piensa pedirle al Papa Francisco que venga a mediar con los barrabravas. La gestión del peronismo en La Plata demuestra, una vez más, que su especialidad no es la prevención, sino la reacción tardía. Porque si de celebrar títulos se trata, Alak ya tiene el suyo: el de ser el intendente que convierte cada festejo popular en un capítulo de "Emergencias" en el noticiero local.

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