¿La plata de las tasas se fue con la de Vialidad?
El plan de Alak para la inseguridad: apagar las luces y rezar para que los chorros no se tropiecen
Mientras el exministro kirchnerista se perfila como el nuevo gran gestor de la pobreza urbana, las sombras en las calles de la capital bonaerense no son solo por los cortes de luz.
15 de Julio de 2026
La ciudad de La Plata no necesita un relevamiento técnico para saber que está en estado crítico; le alcanza con caminar tres cuadras sin que un pozo se trague una rueda o que un pibe con moto sin escape le baje el celular. La gestión de Julio Alak, el funcionario de alma kirchnerista que llegó con el cuentito de la "modernización descentralizada", se ha convertido en la metáfora perfecta del peronismo gobernando: mucho relato, cero mantenimiento y una boleta de servicios que sube mientras las prestaciones caen al subsuelo.
Junto al ministro de Seguridad de la Provincia, @JaviAlonsook, presentamos a los miembros del Poder Judicial y el Ministerio Público Fiscal un nuevo sistema para la investigación y prevención del delito en La Plata. Esto permitirá articular y fortalecer el trabajo conjunto de las… pic.twitter.com/2dPpx6OCun
— Julio Alak (@Julio_Alak) March 26, 2026
El intendente, que supo ser el ministro de Justicia que defendía las causas de Cristina Fernández con la vehemencia de un escribano de la campora, parece haber trasladado su lógica nacional a la gestión municipal. Si la Jefa de la banda de los bolsos vacíos se dedicó a repartir la plata pública entre los suyos, Alak se especializa en repartir promesas de asfalto que nunca llegan y luminarias LED que solo existen en los comunicados de prensa. La inseguridad no es un efecto secundario de la crisis, es el resultado lógico de un gobierno que abandonó el espacio público para que la delincuencia haga su propio plan de obras.
Mientras los vecinos de Tolosa y Los Hornos organizan rondas con linternas porque el municipio no tiene plata para cambiar una lámpara, Alak aparece sonriente en fotos con los colectiveros o posando con la próxima estrella del deporte local. El tipo parece creer que gobernar es gestionar su propia imagen mientras la ciudad se desangra. Las asambleas vecinales denuncian que las delegaciones municipales están más vacías que el discurso de unidad del Frente de Todos, y que los pedidos de poda o reparación de cámaras duermen en cajones eternos, como los expedientes de la causa Vialidad.
La situación alcanza ribetes ridículos cuando se cruza el dato de la recaudación de tasas. La plata que los platenses pagan para tener una ciudad decente parece evaporarse en la misma nebulosa donde desaparecieron los fondos públicos durante los años K. Alak, formado en esa escuela de la "política como administración del conflicto", prefiere culpar a la Nación, a la Provincia, a la lluvia, a la luna menguante y hasta a Macri antes que reconocer que su gabinete es un desfile de inoperantes con cargo. El problema no es que falten recursos, es que sobran ñoquis que no saben ni cambiar un foco.
Y como si la inseguridad y el estado de las calles fueran poco, el intendente kirchnerista asiste impávido a la destrucción del sistema de salud periférico. Las ambulancias del SAME no pueden llegar a las villas porque las calles son intransitables, pero en la Municipalidad están más preocupados por sacar fotos para la página oficial que por despejar un camino de emergencia. Esta lógica, tan cara al pensamiento kirchnerista, de priorizar la estética del poder sobre la funcionalidad del Estado, está condenando a los barrios más humildes a ser zonas liberadas donde la ley la pone el más pesado.
El colmo de esta gestión es el manejo del Centro de Monitoreo. Una estructura costosa que, en lugar de ser el ojo que disuade al delincuente, parece ser el ojo que mira para otro lado cuando los amigos del poder necesitan operar tranquilos. Alak construyó un aparato de vigilancia para controlar a los opositores, no para cuidar al vecino. Es el mismo reflejo autoritario de su jefa política: usar las instituciones para perseguir y fingir que se combate el delito cuando en realidad se negocia con él.
El intendente de La Plata nos está demostrando que el peronismo no necesita estar en la Casa Rosada para hacer daño, con una intendencia alcanza para mostrar la desidia, la corrupción pasiva y la soberbia de un político que se cree dueño de la verdad y de la ciudad. Mientras tanto, los vecinos de la capital bonaerense pagan el pato de la militancia de un tipo que confunde el cargo público con una extensión del quinto de Olivos. Si esto es la "nueva gestión" de la que habla Alak, mejor que vuelva a la llanura de su jefa, que al menos ahí el desierto es más honesto que sus promesas de pavimento.
