El tiro por la culata
Jorge Macri cobra el pasto y Larreta le devuelve el "olor a pis" con intereses
El exjefe de Gobierno vio la oportunidad y la aprovechó como quien encuentra un billete en un pantalón viejo: con la misma rapidez que Macri puso el arancel, Larreta le recordó que la Ciudad huele a encierro político.
28 de Julio de 2026
El Gobierno porteño anunció el cobro de entrada al Ecoparque para los no residentes y Horacio Rodríguez Larreta, como un ex que no supera el duelo, salió a cruzar a su sucesor con la elegancia de un rugbier en un asado familiar. La decisión de Jorge Macri de establecer que los vecinos con domicilio en la Capital entren gratis mientras los del conurbano paguen se enmarca en esa lógica tan particular del PRO actual, donde el concepto de "prioridad porteña" suena tan convincente como el discurso de un técnico de fútbol que dice que va a jugar al ataque y termina con once tipos atrás.
Un buen número de los que te cuidan, te curan y te educan tienen que pagar. ¡Qué locura! https://t.co/RYVoo5mqtc
— Larreta (@horaciorlarreta) July 27, 2026
Rodríguez Larreta no tardó ni un minuto en cargar contra la medida y escribió en sus redes que los trabajadores esenciales que viven en el conurbano tendrán que pagar por entrar a un espacio verde que hasta ayer era gratuito. "Un buen número de los que te cuidan, te curan y te educan tienen que pagar. ¡Qué locura!", disparó el exjefe de Gobierno porteño, como quien lee el fallo de un partido y sabe que el VAR le dio la razón. La frase tiene la precisión de un boomerang porque da justo en el punto donde la gestión de Jorge Macri se vuelve más vulnerable, la de construir una ciudad de primera para algunos y de segunda para los que vienen a laburar.
El problema no es el Ecoparque en sí mismo, porque la mayoría de los porteños no va a ese espacio ni aunque le regalen un pase vip con estacionamiento incluido. El verdadero nudo político está en que Jorge Macri eligió este momento para pegarle a los que no tienen el DNI celeste y blanco y Larreta, con la memoria de un elefante y la paciencia de un militante de base, le recordó que él también fue parte de una gestión donde las diferencias entre la Ciudad y el conurbano eran más discursivas que reales. Ahora el exjefe de Gobierno se hace el paladín de los trabajadores esenciales como si antes no hubiera puesto vallas en la 9 de Julio o no hubiera mirado para otro lado cuando los colectivos llenos de gente del conurbano llegaban a la terminal de Retiro.
Pero Larreta no se quedó solo en el Ecoparque y aprovechó el envión para volver a la carga con el olor a pis que denunció en la campaña y que parece haberse instalado en el debate porteño como un invitado incómodo que no se quiere ir. Volvió a compartir ese video donde denuncia la falta de limpieza y el olor en las calles porteñas y le endilgó la responsabilidad a Jorge Macri, como si la Ciudad fuera un departamento en alquiler que el inquilino anterior dejó sucio y el nuevo no tuvo tiempo de limpiar. La estrategia tiene una mezcla de nostalgia y ajuste de cuentas que solo la política argentina puede producir, porque Larreta se presenta como el arquitecto del orden que dejó un edificio en pie y Macri como el administrador que cambió los floreros de lugar y rompió el ascensor.
El trasfondo de todo este baile es electoral y huele a 2027 desde el primer minuto. Larreta ya confirmó que quiere volver a la Jefatura de Gobierno y está armando un tablero donde el PRO con Milei le queda lejos y el peronismo no kirchnerista le empieza a hacer ojitos. El exjefe de Gobierno puso dos condiciones que suenan a manual de estrategia política moderna, no quiere saber nada con un acuerdo si el PRO sigue agarrado de la motosierra y planea acercarse a los sectores del peronismo porteño que no tengan el sello de La Cámpora. En ese rompecabezas aparecen el radicalismo y la Coalición Cívica como aliados naturales, mientras Jorge Macri queda en el lugar del primo que invitan a la fiesta pero no se sienta en la mesa principal.
Lo más absurdo de toda esta novela es que los dos se pelean por la Ciudad como si fuera una herencia familiar y los vecinos del conurbano miran el espectáculo con la misma atención que se le presta a una pelea de telerrealidad. Mientras Jorge Macri justifica el cobro del Ecoparque con el argumento de la prioridad porteña y Larreta le contesta con el olor a pis y los trabajadores esenciales, los hospitales siguen esperando insumos, las escuelas necesitan mantenimiento y el subte se cae a pedazos. Pero eso no importa porque la política porteña encontró su nuevo ring y los dos Macri, uno con la motosierra en la mano y el otro con el DNI en el bolsillo, se disputan el título de quien tiene la ciudad más limpia y ordenada mientras el piso se les llena de excrementos de elefante político.
La jugada de Jorge Macri tiene una lectura simple y devastadora, intenta marcar territorio con una medida que divide a los porteños de los que no lo son y termina generando el efecto contrario porque Larreta, con la experiencia de quien gobernó ocho años, le recordó que en la Ciudad los que limpian, curan y educan no siempre tienen el domicilio en el barrio más lindo de Palermo. Esa frase de Larreta no es solo un comentario filoso ni una crítica aislada, es el resumen de una gestión que durante años miró para el costado y ahora se hace la revolucionaria porque el enemigo es más fácil de criticar que de construir.
El futuro inmediato de esta pelea tiene nombres propios y fechas electorales que se acercan como un tren sin frenos. Jorge Macri tendrá que defender su gestión con el argumento de la prioridad porteña mientras su "aliado" en el ejecutivo nacional sigue recortando fondos y Larreta, desde la vereda de enfrente, se prepara para dar la batalla con el manual de la Ciudad que él mismo escribió y que ahora pretende reescribir con nuevas alianzas. El problema para ambos es que los porteños, como los hinchas de un club que ve perder a su equipo todos los domingos, empiezan a preguntarse si alguno de los dos tiene un plan que no sea pegarle al otro con el mismo palo que usaban cuando estaban juntos en el mismo gobierno.
La discusión del Ecoparque, el olor a pis, los trabajadores esenciales y las alianzas electorales terminan formando un cóctel explosivo que tiene más de ajuste de cuentas que de gestión de ciudad. Larreta se instaló como el opositor dentro del mismo espacio que lo vio nacer político y Jorge Macri se defiende como puede mientras intenta demostrar que su gestión tiene rumbo propio, aunque ese rumbo parezca trazado con un GPS que solo marca el camino hacia la confrontación. Al final de esta historia, el que pierde no es ni el uno ni el otro, es ese vecino del conurbano que todos los días cruza la General Paz para trabajar y ahora tiene que pagar por entrar a un espacio verde que antes era gratis, mientras los dos ex jefes de gobierno se pelean por ver quién llora más fuerte por los que no viven en la Ciudad.
