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Lunes 27 de Julio de 2026

Necesita un salvavidas

Un abrazo de campaña y una ciudad de fondo: Alak se cuelga de Kicillof antes de que la marea lo arrastre

El gobernador posa con Alak para la foto de la sucesión, pero los vecinos de La Plata siguen esperando que arreglen los pozos y las boletas de luz.

27 de Julio de 2026

Fue un acto por Evita, pero parecía la previa de una interna peronista con disfraces de unidad. Axel Kicillof viajó a La Plata para sacarse una foto con Julio Alak, el intendente que llegó al municipio más importante de la provincia con el rótulo de "hombre de consenso" y que ahora necesita desesperadamente que el gobernador lo sostenga para no quedar como un cadáver político antes de tiempo. La liturgia kirchnerista funciona así: un escenario, una fecha histórica, una arenga vacía y, de fondo, la calculadora electoral encendida. Todo sea por la sucesión bonaerense, esa batalla donde los leales esperan su premio y los nuevos ricos del peronismo pelean por un lugar en la foto que los habilite a sentarse en el sillón de Dardo Rocha.

La decisión de Kicillof de escoltar a Alak no es un gesto de afecto fraternal, es una operación de visibilidad calculada. Porque si hay algo que el gobernador aprendió de su padrino político es que el poder se mide en apariciones compartidas, no en gestión. Y Alak, que llegó a la intendencia con la promesa de ser el técnico que ordenara la casa, hoy camina sobre cascotes mientras la plata de los platenses se esfuma en aumentos de servicios y la infraestructura municipal parece diseñada por un topógrafo en huelga. La foto sonríe, pero atrás está el basural a cielo abierto de la gestión, los aumentos de tasas que llegaron sin aviso y una oposición que lo mira con cuchillos afilados.

El guiño electoral es tan transparente como la necesidad de Alak de no quedar pegado a la gestión nacional caótica que sufrió el peronismo después del 10 de diciembre. Porque Alak, otrora ministro de Justicia de la Nación, sabe que su nombre quedó asociado a una época donde el kirchnerismo repartía cargos como caramelos y la corrupción se cocinaba a fuego lento en los despachos de Comodoro Py. Hoy, el intendente se agarra de la pollera de Kicillof para no hundirse en la tormenta, mientras su gestión municipal se parece más a un capitán de barco que arregla la cubierta mientras el casco se hunde.

El acto por Evita fue, como siempre, una puesta en escena de la liturgia justicialista donde la historia se usa de atrezo. Pero detrás del perfume a militancia y las banderas descoloridas, lo que queda es la imagen de dos políticos que se abrazan para no caerse solos. Alak es el emergente de un peronismo que ya no sabe cómo seducir a la clase media platense, mientras que Kicillof lo usa como un peón en el tablero para demostrar que su liderazgo sigue intacto. Al final del día, en La Plata, los vecinos no votan por la foto de Evita; votan por la luz que no llegó, la vereda rota y el recibo que no cierra. Pero para estos dos, mientras tanto, el show debe continuar.

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