Rosca
Acuerdos y arrodillada: Jorge Macri abraza a Milei para salvarse, pero se olvida de pedirle un espejo
El jefe de Gobierno porteño ofrece un acuerdo electoral 2027 mientras estigmatiza al Conurbano y prioriza porteños en salud. La coherencia brilla por su ausencia.
23 de Julio de 2026
Jorge Macri salió a hablar y no perdió el tiempo: dijo que con La Libertad Avanza “las relaciones son buenas” y que “no hay que descartar” un acuerdo para el 27. O sea, el tipo ya está pensando en la reelección o en un cargo más grande, y para eso está dispuesto a alinearse con el mismo que llamó “zurdos de mierda” a los pibes que cortan calles y que mira con desprecio a la política tradicional. Pero claro, cuando el enemigo en común es el kirchnerismo, cualquier cosa se perdona, ¿no? Hasta el ego.
La carrera porteña ya tiene nombre y apellido. Victoria Villarruel aparece como la principal dirigente capaz de ganarle a Jorge Macri. pic.twitter.com/MtesQfFu8W
— DC Consultores | Encuestas AR (@DyC_consultora) July 24, 2026
El argumento es de manual: “la gran amenaza es que vuelva el populismo”. Como si el ajuste salvaje, la motosierra y el protocolo anti-piquete no fueran también un pasado del que hay que huir. Pero bueno, Macri necesita un enemigo externo para justificar su propia gestión, que en la Ciudad ya empieza a mostrar las costuras. Porque si algo sabe hacer bien el PRO es instalar la idea de que cualquier gobierno que no sea el suyo es sinónimo de caos. Y Javier Milei, con su energía de tiktoker desbordado, es el socio perfecto para ese relato: el loco que grita contra todo, pero que al final termina siendo funcional al mismo sistema que dice combatir.
Lo más jugoso llegó cuando habló del Conurbano. Según Jorge, “el estilo de vida del porteño se ve afectado por una forma de vida del Conurbano, de desorden y abandono, que quiere avanzar sobre la Ciudad”. O sea, el Conurbano es una amenaza existencial, una mancha que quiere contagiar a la Ciudad. Nada de mencionar que la pobreza y el desorden en el Gran Buenos Aires son producto de décadas de abandono estatal, incluyendo las gestiones del PRO en la Ciudad que miraron para otro lado cuando el río se desbordaba. Pero no, la culpa siempre es del otro. Y la solución: operativos de seguridad en las villas y en cualquier barrio donde “el mapa del delito” indique que se esconde el delincuente. Mapita mágico que seguro no tiene sesgos, como si los delitos no ocurrieran también en Palermo o Recoleta, pero ahí los mapas parecen no funcionar.
Y en salud, la joya de la corona: prioridad al porteño en turnos programados. O sea, si sos de La Matanza y te duele una muela, andá a tu municipio, acá solo atendemos a los que pagan impuestos en la Ciudad. Pero si es una emergencia, claro, ahí sí te salvamos la vida, porque la foto queda linda. Horacio Rodríguez Larreta, su antecesor y socio de aventuras, le recordó que durante su gestión no se le negó atención a nadie, pero Jorge respondió con una chicana y una explicación técnica que suena a “no entendés cómo funciona el sistema”. Lo cual es raro, porque Larreta gestionó la Ciudad durante ocho años y, según los datos, la salud pública no colapsó por atender a un pibe de Lanús.
El colmo del discurso es cuando asegura que con Mauricio Macri “está todo bien” y que el ex presidente “lo ayuda a pensar”. Porque si hay algo que necesita Jorge es ayuda intelectual para no decir sandeces, pero el problema es que Mauricio tampoco es un faro de claridad. Después del gobierno de Cambiemos, con su ajuste, su deuda con el FMI y su gestión de la pobreza que no hizo más que profundizar desigualdades, escuchar que “donde el PRO gestiona las cosas se hacen bien” es como escuchar a un jugador de fútbol decir que el VAR es infalible. Y encima, todo esto lo dice mientras se abraza al partido que le sacó votos en la Ciudad y que lo trata como un primo lejano en las reuniones familiares.
En definitiva, Jorge Macri se prepara para 2027 con un discurso que mezcla miedo al populismo, desprecio clasista hacia el Conurbano y una defensa de la gestión propia que parece más un wishlist que un balance real. El problema no es que quiera un acuerdo con Milei, sino que cree que puede seducir a los votantes porteños con la misma receta de siempre: orden, seguridad y exclusión. Y mientras tanto, la Ciudad sigue siendo ese espejo donde el PRO se mira y dice “qué lindo que estoy”, pero no ve que el reflejo ya tiene grietas.
