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Viernes 24 de Julio de 2026

¿Hay que ajustar sonrisas?

Sin paritarias, sin diálogo y con el 90 por ciento de asistencia: el gobierno porteño le declara la guerra a quien enseña

Mientras CABA se desangra en seguridad y transporte, el primo del ex presidente arremete contra los únicos que todavía intentan enseñar.

24 de Julio de 2026

El gobierno porteño encontró al fin un enemigo a su altura: los docentes. No los delincuentes que pululan por el subte, no los rugbiers que la Justicia de la Ciudad trata con guantes de seda, no los especuladores inmobiliarios que hicieron de Buenos Aires un country para ricos. No. Jorge Macri, en un alarde de originalidad que ya hubiera querido para su gestión de seguridad, eligió pegarle a los que educan a los pibes. Porque nada dice "estamos haciendo algo" como modificar el Estatuto Docente por decreto, a las apuradas, cuando todos estaban mirando el partido o haciendo la valija para las vacaciones. Un clásico del manual PRO: si no podés resolver los problemas, cambiá las reglas y echale la culpa a otro.

Resulta que, según el nuevo estatuto, la calidad educativa ahora depende exclusivamente de la voluntad del maestro. No del edificio que se cae a pedazos, no del plan de estudios pensado por un iluminado con título de la UADE, no de la decisión política de no invertir en infraestructura. Es el docente, pobrecito, el que tiene que cargar con el fracaso sistémico. Y para asegurarse de que no se distraiga, le meten un requisito de asistencia del 90 por ciento anual. O sea, si tenés un familiar enfermo, si sos madre soltera y se te complica, si te agarró un dengue porque la Ciudad no fumiga, andá preparando el currículum. El PRO siempre tuvo una relación compleja con la realidad, pero superarse a sí mismos en la crueldad burocrática es todo un logro.

Los gremios, esos molestos ruidos que insisten en recordar que existen derechos, señalaron que la reforma ni siquiera pasó por la Legislatura. ¿Para qué perder tiempo con el debate cuando podés firmar un papel y listo? Es como cuando tu vecino decide que el pasillo es suyo y pone un mueble: ilegal, pero si nadie dice nada, zafa. La estrategia Macri es clara: avanzar sin paritarias, sin consenso, sin diálogo, como si la Ciudad fuera una SA y los docentes, empleados de segunda. Y mientras tanto, los pibes siguen sin aprender a dividir porque el gobierno prefiere hacer cuentas con la plata que se ahorra en licencias.

La titular de la CTE, Carolina Brandariz, clavó el dedo en la llaga al señalar que las más perjudicadas son las docentes que sostienen hogares. Porque claro, el PRO tiene una sensibilidad especial para encontrar los puntos más dolorosos y apretar ahí. No es casualidad: es la misma lógica del ajuste, pero con guardapolvo y tiza. Leés el decreto y parece escrito por un funcionario que nunca pisó un aula, que cree que educar es meter datos en cabezas vacías, y que la motivación se arregla con amenazas.

Mientras la Ciudad se inunda cuando llueve, los trenes explotan, y la inseguridad sigue siendo un tema tabú, Jorge Macri decidió que el gran problema de la gestión es la docente que pide un día para llevar a su hijo al médico. Es patético, pero es coherente con una tradición política que confunde la gobernabilidad con la prepotencia. Y lo más triste: lo festejan los mismos que después lloran porque los pibes no quieren estudiar. Capaz que si el gobierno no los trata como números en un planilla, los docentes tendrían más ganas de ir a trabajar. Pero bueno, eso implicaría pensar, y para pensar hay que abrir la cabeza, no cerrar un decreto.

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