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Jueves 23 de Julio de 2026

El nuevo mesías

Julio Alak: el intendente que se cree gobernador y ya negocia hasta con los chinos

Mientras la provincia se desangra en rutas y hospitales, el jefe comunal platense arma su candidatura con fotos, libros institucionales y una agenda que ni siquiera existe en el mundo real.

22 de Julio de 2026

A veces, la política argentina tiene esos momentos de comedia involuntaria donde un intendente de una ciudad universitaria cree que puede sentarse en la mesa de los grandes, negociar con una superpotencia y, de paso, transformar la provincia de Buenos Aires en un polo de desarrollo tecnológico. Julio Alak es ese personaje.

La noticia, presentada con el tono de una epopeya, relata cómo el intendente de La Plata, tras un 2024 dedicado a "ordenar una administración golpeada", decidió que ya era hora de dejar de ser el alcalde de una ciudad con problemas de plazas y pasar a ser el gobernador de la provincia más complicada del país. El método: mostrar agenda, sacarse fotos con dirigentes de todo el arco político y, como guinda del pastel, viajar en sueños a China para traer inversiones que, como siempre en estos casos, quedan en el reino de lo especulativo.

¿Qué hay detrás del relato de la "gestión que no se ve"? Simple: la nada misma. Se nos dice que recuperó plazas, que consolidó a Sergio Resa como su hombre fuerte, y que ahora "apareció con otra intensidad política". Después de un verano de siesta, alguien le dijo que el peronismo necesita un candidato que no sea Axel Kicillof ni Cristina Kirchner, y Alak, con su característica falta de carisma, levantó la mano.

La nota intenta pintarlo como un gran articulador, un dirigente que "mantiene relación de extrema confianza con Kicillof y diálogo con Cristina". Esto en la jerga peronista se llama "ser un paraguas": el tipo que sirve para que todos se mojen menos él, pero que en realidad no moja a nadie. Sin embargo, ni siquiera para eso le alcanza. Cuando La Cámpora decidió impulsar al Gobernador para la presidencia del PJ bonaerense, Alak, con la dignidad de un perro al que le quitan el hueso, dio un paso al costado y se conformó con el partido de La Plata. Y de esa derrota, la nota dice que "salió fortalecido". Claro, como el que pierde el tren y dice que prefería caminar.

La joya del relato es su flamante "agenda internacional". Mientras la provincia de Buenos Aires discute salarios docentes, falta de medicamentos y rutas hechas pedazos, Alak parece estar en una nube de pedo, negociando "ciudades inteligentes" y "cooperación universitaria" con China. Ahí está el núcleo del delirio. El mismo país que financia el tren bala en África, pero que en La Plata todavía no arregló el desagüe de la Avenida 44. La pregunta no es si China va a apostar por la provincia de Buenos Aires; la pregunta es si Alak realmente cree que un gigante asiático va a mirar con buenos ojos a un distrito que históricamente es sinónimo de déficit fiscal y paros en el Conurbano.

No hay que ser muy perspicaz para ver el fin del guión. Alak no quiere ser gobernador para resolver los problemas de la Provincia; quiere ser gobernador para sentarse en el despacho de la calle 6 y demostrar que el "chico de La Plata" puede llegar a "la casa grande". Pero la historia argentina está llena de intendentes que miraron a la Provincia y terminaron devorados por la misma maquinaria que intentaron domar. Alak no es la excepción; es la regla.

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