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Jueves 23 de Julio de 2026

Contra los pobres, siempre

Jorge Macri manda topadoras contra trabajadores mientras los narcos celebran en Puerto Madero

El Jefe de Gobierno porteño vuelve a elegir el mismo blanco de siempre: el que no tiene abogado en el living de sus amigos.

22 de Julio de 2026

La escena se repite con una precisión digna de un mal comercial de seguridad: cientos de efectivos, móviles con las sirenas al palo, topadoras listas para morder el ladrillo y el polvo de la dignidad levantándose en el aire. ¿El objetivo? Las casas de familias trabajadoras en la Ciudad de Buenos Aires. No, no había una banda narco escondida detrás de una cortina de arpillera. No había un laboratorio de pasta base en el fondo de la casa. No había un arsenal de guerra. Había lo de siempre: gente que labura, que cría pibes, que rema en dulce de leche para llegar a fin de mes y que, encima, tiene que bancarse que el Estado los trate como si fueran el enemigo público número uno.

Porque si hay algo que este gobierno porteño tiene clarísimo es a quién perseguir y a quién dejar hacer. Los narcos de verdad, los que mueven la merca en cantidad industrial, los que manejan las bodegas en el puerto y las cuevas en zonas chetas, esos no aparecen en el radar de los operativos multitudinarios. Esos tienen domicilios en Puerto Madero, departamentos con vista al río, sociedades anónimas y algún que otro amigo en común con los dueños del poder económico. Con esos, el macrismo no se anima. Con esos, mejor ser socios, cómplices silenciosos, y no meter la nariz donde la guita tiene olor a perfume importado.

Pero con los pobres la cosa cambia. Ahí sí hay presupuesto para logística, para recursos humanos, para sobrevuelos de helicópteros y para que los medios gráficos le saquen fotos al intendente de turno con cara de sheriff. Ahí sí hay decisión política de mostrar músculo, de poner la pista y el circo, de hacer creer que la inseguridad se combate derribando paredes de chapa y no desbaratando redes de lavado de dinero que operan a dos cuadras de la Bolsa. Es el modelo de ciudad que Jorge Macri viene ensayando hace décadas: el Estado como brazo ejecutor contra los de abajo y como escribano de los de arriba.

Mientras tanto, los vecinos desalojados quedan con lo puesto, mirando cómo las topadoras convierten en escombro lo que construyeron con el esfuerzo de toda una vida. Y el discurso oficial se llena de eufemismos: "recuperación del espacio público", "orden urbano", "lucha contra el delito". Palabras que suenan bonitas en un comunicado de prensa, pero que en el barrio se traducen en una sola cosa: usted no tiene plata, usted no tiene padrino, usted sobra.

No es seguridad, es limpieza social. No es política habitacional, es apartheid urbano. No es gestión, es supervivencia del más acomodado. Y mientras los operativos mediáticos se repiten como un loop de mala calidad, los que realmente manejan el negocio de la droga siguen tomando champán en sus terrazas privadas, sin que nadie les toque el timbre para pedirles una declaración jurada.

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