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Viernes 24 de Julio de 2026

Quirófano limpio

El municipio de La Plata aprueba el fiambre antes que el permiso: un muerto destapó la burocracia letal del intendente Alak

El intendente Alak, experto en inaugurar luminarias, no tuvo ojos para ver el polvorín sanitario que funcionaba en el barrio. La muerte de una abuela destapó la olla podrida de una gestión que vende prolijidad pero entrega precariedad.

24 de Julio de 2026

El relato de Julio Alak se parece a esos edificios de La Plata que se caen a pedazos pero tienen la fachada recién pintada. Todo es orden, planificación y Estado presente, hasta que una familia tiene que ir a la justicia porque su abuela se murió en un lugar que ni siquiera tenía los papeles en regla. El geriátrico Nuevo Florecer, en calle 116 y 38, funcionaba como si fuera un hotel cinco estrellas para la tercera edad, cuando en realidad era un circo criollo sin habilitación definitiva, y el municipio, con toda su pompa burocrática, miraba para otro lado mientras los inspectores firmaban planillas con la misma seriedad que un empleado de correo certificando un telegrama vacío.

La gestión de Alak siempre se jacta de meterle ficha al espacio urbano, de recuperar veredas y de poner en orden lo que otros dejaron. Pero parece que el “orden” no incluye revisar si los lugares donde se alojan los viejos tienen matafuegos o una simple habilitación. El expediente estaba “en trámite”, esa muletilla mágica que usan los funcionarios para lavarse las manos mientras los adultos mayores pagan el pato. Es la misma lógica del "déjemelo en visto" pero con consecuencias fatales. La inspección que detectó las correcciones también dejó constancia de que el trámite seguía abierto, y ahí quedó todo, como un cuadro colgado en la pared de la oficina de un burócrata, decorativo pero inútil.

Ahora Alak se rasga las vestiduras y promete revisar protocolos, como si el problema fuera un papel mal archivado y no la falta total de cintura para ejercer el control sobre su propio territorio. En una ciudad que es capital de la provincia, con una estructura municipal que parece un elefante blanco lleno de asesores y áreas técnicas, no se puede admitir la coartada de que "la habilitación es provincial". Eso es tan berreta como el loro que repite que el peronismo es federal. Si la abuela se muere en tu jurisdicción, la responsabilidad es tuya, intendente, así te la quieras sacar de encima como un mosquito molesto.

El problema de Alak es estructural: cree que gobernar es inaugurar carteles y sacarse fotos en obras, pero la gestión real, la que duele, pasa por evitar que una familia tenga que hacer un escándalo judicial para que el Estado mueva un dedo. El pedido de un registro accesible, de inspecciones frecuentes y de transparencia suena a reclamo de alumnos aplicados en una escuela donde el director está de viaje. Y mientras tanto, la inseguridad jurídica y sanitaria para los viejos es total: uno nunca sabe si el geriátrico donde deja a sus padres es un hogar o una trampa mortal esperando la denuncia de un familiar con el coraje que le falta a la burocracia municipal.

Alak tiene una oportunidad de oro para demostrar que no es simplemente un operador político más disfrazado de gestor. Pero si su reacción se limita a una conferencia de prensa con declaraciones vacías y la promesa de “fortalecer controles” (otro cliché de manual), entonces la conclusión es brutal: para su gobierno, los adultos mayores son un número en una estadística, y los geriátricos, un problema que solo importa cuando el expediente cae en el escritorio de un juez.

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