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Viernes 14 de Agosto de 2026

El negocio perfecto

Jorge Macri convierte los impuestos en cuotas cómodas para los amigos de la familia gobernante

Créditos blandos, patente gratis y peajes bonificados: el combo PRO para que Dietrich venda autos sin ensuciarse las manos.

13 de Agosto de 2026

La Ciudad de Buenos Aires no es un Gobierno, es un dispositivo de transferencia de ingresos hacia el círculo rojo del PRO. La última joyita de Jorge Macri consiste en financiarles los autos a los choferes de taxis para que, acto seguido, se los compren a Guillermo Dietrich. Así, sin sutilezas, sin pudor y sin disimulo. Porque cuando el Estado pone la plata, el riesgo lo asume el contribuyente y la ganancia se la lleva el amigo del poder.

El plan es sencillo y brutal: créditos de hasta 28 millones de pesos al 20 por ciento de interés, patente gratis y exención de peajes para quienes se suban a la movida de los taxis eléctricos. ¿El único detalle? Los vehículos son Renault Kardian, la misma marca que comercializa Dietrich desde que volvió al sector privado con la elegancia de quien sabe que la caja no la paga él. Porque el verdadero negocio no está en vender autos, está en que el Estado te garantice los compradores con plata prestada a tasa subsidiada.

Y el PRO, lejos de esconderse, lo exhibe como si fuera un logro de gestión. No hay cinismo que les gane: mientras los porteños padecen el ajuste en cada servicio, el gobierno de la Ciudad se convierte en una concesionaria oficial de la familia Macri. Dietrich no necesita hacer fuerza, porque Jorge le arma la cartera de clientes con fondos públicos y después le aplaude el emprendimiento. Así cualquiera se dedica al sector privado, maestro.

Lo más notable es la velocidad con la que abandonaron cualquier vestigio de vergüenza. Ya no hay necesidad de disimular, de poner filtros ni de disfrazar el saqueo con retórica republicana. El negocio es tan burdo que hasta los propios beneficiarios deben reírse cuando firman el crédito. Porque el Estado no solo presta plata, sino que además bonifica impuestos y regala peajes, como si el esfuerzo fiscal fuera un recurso infinito para engordar los bolsillos de los amigos del poder.

Mientras tanto, el resto de la economía porteña sigue su curso: comercios cerrando, alquileres devorando sueldos y una clase media que mira cómo su ciudad se convierte en un parque temático del PRO para sus socios comerciales. Pero no importa, porque los taxis eléctricos de Dietrich van a circular con la patente gratis, mientras el resto de los mortales paga hasta por respirar en la autopista.

El mensaje es claro: en la Ciudad, el Estado no regula, financia. No controla, habilita. No planifica, reparte. Y el reparto tiene un solo destinatario: el que siempre estuvo cerca del poder. Jorge Macri no está gobernando, está administrando la herencia de su primo con la misma lógica: el negocio primero, la política después y el ciudadano al final, bien al final, cuando ya no quede nada que repartir.

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