El "progre" que multiplicó ñoquis
Julio Alak enfrenta un proyecto que expone su doble discurso: prometió orden y creó más secretarías que un gabinete nacional
El PRO propone congelar los sueldos de Alak y su tropa, y cortar el 30% de la planta política. La misma emergencia que el intendente usó para justificar su llegada ahora se vuelve contra él: no hubo orden, hubo engorde.
11 de Agosto de 2026
El Concejo Deliberante de La Plata recibió un proyecto que, de aprobarse, pondría en jaque el más preciado tesoro del peronismo local: la bicoca. El concejal del PRO Nicolás Morzone presentó una iniciativa que propone declarar la emergencia salarial por 12 meses, congelar los sueldos del intendente Julio Alak, sus funcionarios y concejales, y reducir en un 30 por ciento la planta política municipal. El ahorro generado, dice la letra chica, debería destinarse a recomponer los salarios de los trabajadores municipales. Una idea tan lógica que, en la cabeza de Alak, debe sonar a herejía.
El proyecto, que ya ingresó al recinto, establece que durante un año no podrán actualizarse las remuneraciones del jefe comunal ni de su séquito de secretarios, subsecretarios, directores y asesores. Tampoco los concejales escaparían al congelamiento. Pero el verdadero cuchillo va al hueso político: el Ejecutivo tendrá 60 días para presentar un plan que detalle cómo piensa achicar al menos un tercio de los cargos políticos existentes. Es decir, Alak debería explicar con nombre y apellido a quiénes deja en la calle. O, dicho de otro modo, qué amigos sacrifica en el altar del ajuste que él mismo predica para otros.
El propio Morzone, en sus fundamentos, le recordó a Alak que fue él quien, al asumir, impulsó una emergencia administrativa con el cuento de que iba a reorganizar el Estado municipal. Pero el intendente, hábil como pocos en el arte de la contradicción, convirtió esa promesa en una fábrica de cargos. Porque la realidad es tozuda: lejos de reducir la burocracia, el ex ministro de Néstor Kirchner multiplicó secretarías, subsecretarías y direcciones como si estuviera armando un gabinete nacional para competir con el de Alberto Fernández. La austeridad, al parecer, es un concepto que Alak aplica solo cuando le conviene, siempre y cuando no le toque el bolsillo ni el de los suyos.
La propuesta también prohíbe la creación de nuevas dependencias políticas durante la vigencia de la emergencia y establece que las vacantes que queden no podrán cubrirse, salvo excepciones milagrosamente justificadas. Es decir, adiós a la práctica clásica del peronismo de inventar un cargo para un sobrino o una coordinación para la prima de la esposa. Y para que no queden dudas de que hablan en serio, el proyecto exige publicar la nómina completa de funcionarios con sus sueldos. Transparencia, esa palabra que al kirchnerismo le produce urticaria.
El punto más jugoso, sin embargo, es el destino de los fondos liberados. El artículo 10 del proyecto es claro: todo el dinero que el Municipio deje de gastar en ñoquis deberá ir directo a mejorar los salarios de los trabajadores municipales de base. Nada de engordar cajas secretas o financiar viajes a Cuba. La lógica es tan simple que hasta un militante de La Cámpora podría entenderla: si hay poca plata, que primero la sufran los que tienen el silloncito caliente y no el que barre la vereda. Algo que, para la lógica peronista, suena a traición a la patria.
El intendente Alak, que construyó su carrera política como un intelectual orgánico del kirchnerismo, ahora se encuentra en la incómoda posición de tener que defender un aparato político que creció bajo su mandato mientras los sueldos de los empleados municipales se licuan. Su discurso de la "racionalización" se topa con la realidad de su gestión: no hubo orden, hubo acomodo. No hubo ajuste, hubo engorde clientelar. Y el proyecto de Morzone, más allá de su origen macrista, le devuelve el espejo a Alak para que vea su propia hipocresía.
Queda por verse si los concejales del Frente de Todos, esos mismos que votaron a favor de la emergencia original, ahora se animan a dar la cara y rechazar una medida que, en teoría, defiende al trabajador. Porque si lo hacen, estarán confesando que su lealtad no es con el empleado municipal, sino con la estructura de poder que les da de comer. Y si lo aprueban, Alak tendrá que explicar por qué mintió cuando dijo que iba a ordenar el Municipio. En ambos casos, el intendente pierde. Como en el truco, pero sin flor.
