Caja gourmet
Jorge Macri convirtió las plazas porteñas en una feria premium con canon en dólares
CABA licitó locales gastronómicos en 16 parques y espacios verdes mientras crecen las críticas por la privatización encubierta del espacio público y los beneficios para operadores privados.
27 de Mayo de 2026
El Gobierno porteño avanzó con una nueva licitación para instalar locales gastronómicos dentro de parques y plazas de CABA y volvió a abrir una discusión que en el PRO conocen demasiado bien. Mientras miles de vecinos usan los espacios verdes para escapar de los alquileres imposibles, la gestión de Jorge Macri decidió que también podían transformarse en una especie de shopping a cielo abierto con café de especialidad, mesas premium y negocios privados funcionando sobre tierras públicas.
La medida fue oficializada a través de la Disposición 145/DGCoyP/26 y alcanza a 16 espacios verdes emblemáticos, entre ellos los Lagos de Palermo, Parque Chacabuco y sectores de La Paternal. El detalle que no pasó desapercibido fue el canon base fijado para algunos predios. En el Parque Thays, una de las zonas más caras de Buenos Aires, el piso arranca en USD 1.500 mensuales. Una ganga inmobiliaria si se compara con cualquier alquiler comercial de la zona. Parece que el Estado descubrió el milagro económico de cobrar menos por terrenos públicos premium mientras los privados hacen caja vendiendo café orgánico y tostados con nombre francés.
La iniciativa se sostiene sobre la Ley 4950, aprobada en 2014 durante otra era PRO, esa donde el macrismo ya soñaba con meter concesiones hasta en el cantero de una rotonda. La norma habilita la instalación de cafés en parques de más de 50 mil metros cuadrados y ahora Jorge Macri la desempolvó como quien encuentra una franquicia vieja guardada en un cajón y decide volver a explotarla.
El pliego establece que los llamados “núcleos de servicios” podrán vender alimentos y bebidas envasadas y ocupar hasta 200 metros cuadrados. También deberán incluir baños públicos gratuitos. Sobre el papel suena prolijo, moderno y europeo. El problema aparece cuando se mira la letra chica. El canon recién comenzará a pagarse una vez que el privado amortice la inversión. Traducido al castellano porteño, primero el negocio recupera plata y después, si sobra algo, recién empieza a pagarle al Estado. Una especie de “fiado VIP” pero con tierras públicas.
La resistencia política y judicial no tardó en aparecer. Incluso sectores cercanos al PRO anticiparon presentaciones para frenar la licitación. No es casual. CABA ya viene acumulando críticas por convertir cada rincón urbano en una oportunidad de negocios. Estacionamientos bajo plazas, concesiones gastronómicas, espacios públicos explotados comercialmente y una lógica donde el vecino parece invitado de piedra dentro de lugares que supuestamente le pertenecen.
Además, comerciantes de la zona observan el proyecto con desconfianza. Mientras muchos pagan alquileres desorbitados, impuestos y servicios cada vez más caros, ahora deberán competir con locales instalados dentro de plazas públicas bajo condiciones mucho más favorables. La escena es bastante porteña. El kiosquero de la esquina haciendo malabares para pagar la luz mientras adentro del parque aparece un local minimalista con lámparas Edison, brunch de palta y canon subsidiado.
Detrás del discurso de la “puesta en valor” vuelve a asomar una vieja obsesión del PRO porteño. CABA como vidriera de negocios cool para pocos y no como espacio público pensado para todos. Porque una cosa es mejorar un parque y otra muy distinta es convertir cada árbol en una oportunidad comercial con aroma a café importado.
