Prioridades invertidas
Jorge Macri elige brillo de Palacio Ceci antes que salvar hospitales que ya están en terapia intensiva
El Gobierno porteño promociona la restauración del dicho lugar mientras persisten reclamos por salarios, infraestructura y atención en el sistema de salud pública.
8 de Abril de 2026
Hay algo casi teatral en la escena: columnas relucientes, barandas trabajadas con precisión, un operario puliendo detalles como si estuviera restaurando una joya europea. El problema es que esto no es un catálogo de arquitectura, es la Ciudad de Buenos Aires gobernada por Jorge Macri. Y mientras se enceran mármoles en Villa Devoto, en los hospitales públicos el panorama es bastante menos elegante: guardias saturadas, médicos mal pagos y pacientes que esperan horas para ser atendidos.
Palacio Ceci was built in 1913, it was the family residence of Alfredo Ceci, a prominent businessman in the construction industry, until 1938.
— BowTiedMara (@BowTiedMara) September 15, 2025
It is currently undergoing a comprehensive restoration to preserve its historical and cultural value and return it to its original… pic.twitter.com/nv9hbtvmK4
La postal del Palacio Ceci no es inocente. Es, en realidad, una declaración de prioridades. Porque no se trata de estar en contra de recuperar patrimonio, sino de preguntarse qué se decide atender primero cuando los recursos no alcanzan para todo. Y ahí es donde la gestión queda expuesta: el brillo de un edificio histórico contrasta demasiado con la opacidad del sistema de salud.
En los hospitales porteños, los reclamos no son nuevos ni aislados. Profesionales denunciando sueldos que pierden contra la inflación, infraestructura que no acompaña la demanda y un sistema que funciona más por vocación que por planificación. Pero claro, eso no entra tan bien en una publicación institucional con fotos cuidadas y textos prolijos.
La apuesta estética de la gestión parece clara: mostrar obra visible, tangible, fotogénica. Lo que no se puede iluminar con una buena toma o un filtro institucional queda relegado a la letra chica. Porque una guardia colapsada no es “posteable”, pero un vitral restaurado sí.
En ese juego, el relato oficial intenta vender orden y puesta en valor, mientras la realidad cotidiana de miles de vecinos muestra otra cosa: un sistema de salud que hace equilibrio permanente. La distancia entre lo que se comunica y lo que se vive no es nueva, pero cada imagen como esta la vuelve más evidente.
Porque gobernar no es curar edificios, es hacerse cargo de las urgencias. Y hoy, en la Ciudad, las urgencias no están en los balcones de hierro forjado.
