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Jueves 16 de Abril de 2026

Orden a los golpes

Jorge Macri habla de orden mientras le sacan el laburo a un pibe que vendía alfajores para sobrevivir

El jefe de Gobierno defendió el operativo y prometió ayuda después del escándalo, pero la escena dejó al descubierto una gestión que llega tarde y pega primero.

16 de Abril de 2026

Primero te sacan el tupper, después te ofrecen una ingeniera. La secuencia parece escrita por alguien con poco registro de la calle, pero es real: inspectores de la Ciudad le confiscaron los alfajores a un joven que vendía en Costanera Sur y, tras el escándalo, Jorge Macri salió a explicar que ahora lo van a “ayudar a hacer las cosas bien”.

El protagonista es David Querol, que hace seis meses vende en la calle para complementar ingresos y ayudar a su mamá jubilada. Tenía 35 alfajores y 15 budines cuando los inspectores decidieron que el problema urgente de la Ciudad era ese tupper. El resultado fue inmediato: mercadería secuestrada, fuente de ingresos borrada y un pibe quebrado en llanto frente a una cámara.

La respuesta oficial llegó después, como suele pasar. Macri explicó que el joven ya fue contactado por Desarrollo Humano, que le ofrecieron asesoramiento de una ingeniera en alimentos y hasta un lugar en ferias para formalizar su actividad. Traducido: primero te aplico la norma en seco, después vemos cómo acomodarte.

El jefe de Gobierno insiste en el concepto de “orden” como si fuera una fórmula mágica. Habla de terminar con manteros, piquetes y usurpaciones, enumera kilómetros de veredas ocupadas y plantea que sin reglas gana “el prepotente”. Pero en la práctica, ese discurso se termina ejecutando sobre el eslabón más débil: el que vende en la calle porque no tiene otra.

La escena del operativo es difícil de maquillar. No es un gran esquema ilegal, no es una red de venta clandestina a escala industrial. Es un pibe con un tupper. Y sin embargo, la maquinaria estatal cayó con toda su lógica burocrática: sin habilitación, sin bromatología, sin permiso. Todo correcto en los papeles, todo desproporcionado en la vida real.

Macri también plantea que no puede permitir que “todos hagan lo que quieren”, porque eso validaría la ocupación del espacio público. El problema es que esa línea tan prolija en el discurso se vuelve borrosa cuando la economía empuja a cada vez más gente a rebuscársela en la calle. Y ahí el “orden” empieza a parecer más castigo que solución.

El dato incómodo lo dio el propio jefe de Gobierno: la recaudación cayó 7 por ciento y el consumo está “complejo”. Es decir, reconoce que hay menos plata en la calle, pero al mismo tiempo endurece el control sobre quienes intentan generarla como pueden. Una ecuación que cierra en los informes, pero hace ruido en la vereda.

El episodio explotó en redes, generó colectas espontáneas y obligó a la Ciudad a reaccionar. No por planificación, sino por exposición. Porque si el video no circulaba, probablemente el caso quedaba como uno más en la rutina administrativa.

 

En definitiva, el mensaje que dejó la escena es incómodo para la gestión: el orden, cuando se aplica sin contexto, puede parecer más una puesta en escena que una política pública. Y cuando llega la ayuda, muchas veces ya es tarde para el que se quedó sin nada.

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