Servicios malos
Alak se ahoga en un vaso de agua: futbolistas intoxicados por el suministro municipal dejan a La Plata en offside sanitario
El escándalo en el predio de City Bell expone fallas graves en controles básicos y abre preguntas incómodas sobre la responsabilidad del municipio.
16 de Abril de 2026
En una ciudad donde el Estado debería garantizar lo elemental, el agua terminó convirtiéndose en un problema. Lo que pasó en el predio de City Bell no es una anécdota menor: una investigación interna confirmó que el suministro no sería potable, y varios jugadores terminaron con síntomas de intoxicación. Sí, en 2026, en La Plata, el problema es el agua.
El problemita del agua no potable es de todo La Plata, pero como el Intendente es Julio Alak entonces prefieren callarse la boca. https://t.co/Gzulwfbbn2
— Christian Ginko (@CGinko) April 16, 2026
Los cuadros no fueron aislados. Malestar gastrointestinal, vómitos y complicaciones físicas empezaron a repetirse en futbolistas que entrenaban en el lugar. La alarma se encendió cuando lo que parecía un episodio puntual empezó a tener continuidad. Y ahí ya no hay margen para mirar para otro lado.
El dato que incomoda es simple: si el origen está en el suministro, estamos hablando de una falla estructural. No es un error de un día ni un descuido menor. Es un sistema que no está funcionando como debería. Y ahí es donde la gestión de Julio Alak queda en el centro de la escena, aunque intente correrse.
Porque mientras el intendente habla de planificación, orden urbano o gestión, en su propia ciudad aparecen situaciones que parecen sacadas de otra época. No es un problema de alta complejidad: es agua. Lo mínimo indispensable. Lo que no puede fallar.
El antecedente tampoco ayuda. No es la primera vez que hay sospechas sobre el agua en contextos de intoxicaciones. En otros casos similares, la respuesta fue inmediata: suspensión del consumo, análisis sanitarios, intervención urgente. Acá, en cambio, el problema escaló hasta que ya era imposible esconderlo.
La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿cómo puede ser que en un predio de alto rendimiento, con controles permanentes, el agua no sea apta para consumo? Y si eso pasa ahí, ¿qué queda para el resto de la ciudad?
El silencio o la reacción tardía no hacen más que agrandar el problema. Porque en política, como en el fútbol, cuando te agarran mal parado no alcanza con explicar: hay que hacerse cargo. Y en este caso, el arco está abierto y la pelota ya entró.
Mientras tanto, la imagen que queda es difícil de maquillar: jugadores profesionales intoxicados, agua bajo sospecha y una gestión municipal que llega tarde a un problema que nunca debió existir.
