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Sábado 11 de Julio de 2026

¿Amnesia o cinismo?

Julio Alak, el intendente de La Plata que olvidó su propio gobierno para echarle la culpa a los demás

El senador Leguizamón desmonta el relato de la pesada herencia con documentos oficiales: superávit de 2800 millones y 9600 empleados en 2023. Pero Alak, atrapado en su propio laberinto de excusas, prefiere tener mala memoria.

10 de Julio de 2026

El senador Marcelo "Chuby" Leguizamón no vino a hacer caridad política ni a repartir flores. Con la dureza de quien conoce los pasillos municipales como la palma de su mano, sentenció en RADIO REALPOLITIK FM lo que muchos platenses ya mascullan en la fila del súper: la ciudad no está bien, y el intendente Julio Alak parece más preocupado por armar un relato de víctima que por solucionar los baches que se tragan los autos.

Porque si hay algo que caracteriza a la gestión actual es esa curiosa enfermedad que aqueja a algunos políticos cuando tocan el poder: la amnesia selectiva. Leguizamón lo clavó como un penal bien ejecutado: "Veo en la actual gestión que hay una amnesia temporal del 2007 al 2015. Esa parte fingimos demencia, no existió". Claro, porque olvidar es más cómodo que reconocer que uno mismo fue parte del gobierno que ahora critica. ¿O acaso Alak no estaba ahí cuando se tomaron decisiones que hoy lamenta? Pero no, la estrategia es simple: culpar a Julio Garro hasta de la caída del Imperio Romano si hace falta.

Sin embargo, los números son tozudos y no entienden de relatos. Leguizamón los esgrimió con la precisión de un cirujano: la rendición de cuentas del 2023, elaborada por la propia gestión de Alak, confirma que la administración anterior dejó un superávit de 2.800 millones de pesos y 9.600 empleados. No aparecen por ningún lado esos 20.000 millones de deuda ni los 13.000 empleados que algunos delirios oficialistas inventaron para justificar la debacle. Parece que los fantasmas de la herencia son eso: fantasmas. Pero en la política local, los muertos que mejor sirven son los que nunca existieron.

El legislador fue más allá y puso el dedo en la llaga más dolorosa: la precarización laboral. Recordó que entre empleados municipales y cooperativistas se llegaba a casi 20 mil personas en 2015, una bomba de tiempo que recién en 2021, durante la gestión de Garro, comenzó a regularizarse con el visto bueno del Tribunal de Cuentas. ¿Y ahora qué pasa? Mientras el intendente Alak se jacta de tener 17 secretarías como si fueran medallas al mérito, los barrios de la periferia, esos que quedan a 30 kilómetros del centro, esperan que alguien les corte el pasto o les arregle un bache que parece un cráter lunar.

Leguizamón lo graficó con crudeza: "Tenemos barrios que son totalmente electrodependientes, que hacen todo con electricidad porque es muy costoso que el gas llegue a todas las puntas". Mientras tanto, la estructura política municipal crece como un monstruo de mil cabezas, devorando presupuesto que nunca llega a los que realmente lo necesitan. El vecino, ese ser mitológico que no milita ni milita, solo quiere que le ande la luz, que le junten la basura, que no se rompa el auto en la puerta de su casa. Pero Alak parece empeñado en darle conferencias de prensa en lugar de soluciones.

Lo más patético de todo es que el intendente, en su afán por victimizarse, ha construido un relato tan frágil como un castillo de naipes en pleno temporal. Cada vez que abre la boca para quejarse de la herencia recibida, lo que hace es recordarnos que él mismo fue parte del gobierno que dejó esa supuesta herencia. Es como si un borracho se quejara del dolor de cabeza que le provocó su propia borrachera. Pero en la política local, la coherencia es un lujo que pocos pueden permitirse, y Alak parece decidido a no ser uno de ellos.

La periferia de La Plata, esa enorme extensión de 926 kilómetros cuadrados que casi quintuplica el tamaño de Capital Federal, sigue esperando que alguien con pantalones largos se ponga al frente y decida cambiar las prioridades. Porque, como bien señaló Leguizamón, "a algunos muchachos les falta un poquito más de gestión, arremangarse y salir a cambiar las prioridades". Pero arremangarse implica ensuciarse las manos, y parece que en la gestión Alak prefieren mantenerlas limpias para aplaudir sus propias ocurrencias.

Mientras tanto, el intendente sigue su viaje de autoflagelación pública, culpando a todos los que vinieron antes y después, construyendo un relato donde él es el único héroe en un mar de villanos. Pero los platenses, esos que madrugan para ir a trabajar y vuelven esquivando pozos, saben que los héroes de verdad no necesitan construir relatos: se los ve en cada calle arreglada, en cada luz que vuelve, en cada basura que recogen. Y por ahora, de esos héroes no hay noticias.

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