Ajuste a la criolla
Macri hace magia en CABA: desaparece 3.300 millones de viandas y hace aparecer sonrisas en los contratistas
La Ciudad de Buenos Aires le quita el plato de comida a los pibes de clase baja mientras engorda a los contratistas de siempre con la excusa del déficit.
10 de Julio de 2026
Mientras en la tele hablan de “ciudad de primera”, adentro de las escuelas del conurbano porteño los pibes están viendo cómo la cuchara se mueve para el lado de los amigos del poder. Jorge Macri, el primo que juega a ser intendente de la aldea rica, firmó la Resolución 50/SSH/26 y en menos de siete días le amputó 3.300 millones de pesos al Programa 51, ese que hasta hace una semana garantizaba que los chicos no se durmieran con el estómago vacío. El ajuste no es un recorte administrativo, es una decisión política: la lapicera del PRO sigue escribiendo con sangre de bolsillo ajeno.
Jorge Macri recortó más de 3.300 millones de pesos en viandas escolares en menos de una semana. Lo hizo por la Resolución 50/SSH/26 del Ministerio de Hacienda porteño, publicada en abril, sin pasar por la Legislatura.
— Diego Falcón (@Diegofalcon) July 10, 2026
El ajuste pega directo en el Programa 51, el que garantiza el… pic.twitter.com/9xe9HtaFsf
El dato no es menor y no necesita interpretación; el 40 por ciento de los nenes que asisten a las escuelas estatales porteñas viven en hogares donde la plata no alcanza ni para el boleto. Pero la gestión de Macri, en su afán por maquillar números para los inversores del Microcentro, decidió que el gasto en comida sobra mientras la deuda con las concesionarias se paga en tiempo récord. El mismo gobierno que salió a llorar por los recortes nacionales cuando le tocaba a la coparticipación, ahora aplica la motosierra en el plato de los que menos tienen y no pide permiso en la Legislatura, porque total, ¿quién va a salir a defender a un pibe de Villa Soldati contra un amigo con concesión millonaria?
El decreto no pasó por el recinto de los diputados porteños, esos mismos que viven discutiendo el color de las baldosas de la Avenida de Mayo, pero cuando hay que blindar a los empresarios de la alimentación escolar no hace falta ni siquiera un debate. La Resolución 50 se cocinó en el Ministerio de Hacienda, con olor a café quemado y calculadora ajustada, y salió a la luz pública como quien apaga un incendio con nafta. El discurso oficial habla de “eficiencia” y “racionalización”, pero en el barrio lo traducen sin vueltas: al pibe pobre le sacan el churrasco para que el contratista no pierda su margen de ganancia.
Los concesionarios, esos empresarios que el PRO siempre defiende con uñas y dientes porque les deben más que favores, seguirán facturando lo mismo mientras las viandas se achican o desaparecen. La lógica es tan perversa como predecible: ajustar sobre el hambre de los sectores vulnerables para no tocar un solo peso del circuito que termina en los bolsillos de los aportantes de campaña. Macri, que llegó a la Ciudad prometiendo “gestión”, demostró en su primera semana de ajuste que su único mandato es cuidar a los suyos, así los pibes tengan que comer un pan duro con la memoria de lo que fue su plato.
La hipocresía del PRO se cae a pedazos cuando se compara el celo fiscal para la comida escolar con la impunidad con que se manejan los recursos para el marketing de la Ciudad o las obras que nunca empiezan. Este recorte no es un número en un planilla; son 3.300 millones de pesos que dejaron de viajar al comedor de una escuela de La Boca para quedarse en las arcas de un amigo de la familia. Mientras tanto, los vecinos que votaron a este muchacho porque “era la renovación” se enteran por el diario que la renovación, en criollo, significa que el Estado le da la espalda a los pibes para hacerse el guapo con la billetera de los más frágiles.
