Crisis municipal
Julio Alak gobierna con la manta corta: La Plata acumula deudas, parches y vecinos cada vez más hartos
El intendente intenta sostener la gestión entre recortes, cambios improvisados y una dependencia cada vez más evidente de la Provincia.
17 de Abril de 2026
Si la gestión fuera un tablero de ajedrez, Julio Alak está jugando con menos piezas que el rival y, para colmo, sin estrategia clara. La Plata no solo tiene menos recursos: también parece tener menos conducción. La caja no alcanza, la recaudación se enfría y la administración municipal se mueve más por reacción que por plan.
La Plata. Así muchos barrios. Pasan los gobiernos y "no hay plata" para obras, pero para la deudas ilegítimas y para los grandes empresarios sí. Responsabilidad de Milei, Kicillof y Alak. pic.twitter.com/2ekaoqOTqe
— Mati Busi ✊?? (@MatiasBusi) March 20, 2024
El problema no es solo la falta de plata, sino qué se hace cuando no hay. En lugar de ordenar prioridades visibles para el vecino, la gestión opta por reacomodar estructuras internas, como si el problema estuviera en los escritorios y no en las calles. Cambian nombres, roles y áreas, pero la sensación afuera es la misma: todo sigue igual o peor.
El recorte ya dejó huella. Cooperativistas afuera, pagos que se estiran y proveedores que empiezan a mirar el calendario con desconfianza. Es el ABC de cualquier crisis municipal, pero también el síntoma de una gestión que llegó prometiendo orden y terminó administrando la escasez con lógica de parche.
En paralelo, la dependencia política de la Provincia condiciona cada decisión. Bajo la órbita de Axel Kicillof, Alak juega a no romper, pero tampoco a exigir. El resultado es un intendente que queda atrapado en el medio: sin recursos propios suficientes y sin margen para tensar con quien maneja la billetera.
El transporte es el ejemplo más visible del desorden. Cambios, nuevos contratos, tensiones cruzadas entre Nación, Provincia y Municipio… y en el medio, el pasajero que pierde tiempo todos los días. La política discute papeles, el vecino llega tarde.
Con la recolección de residuos pasa algo similar. Se redistribuyen tareas, se reasignan zonas, se reorganiza el sistema… pero con una lógica que recuerda al viejo truco de correr la mugre de un lado al otro. Lo que mejora en el centro, se resiente en la periferia. No es solución, es traslado del problema.
En el Concejo Deliberante, la oposición encontró un filón. Cada error de gestión se transforma en desgaste político, y el oficialismo queda a la defensiva en debates eternos que no resuelven nada. Mientras tanto, la calle acumula reclamos concretos: baches, servicios deficientes y obras que no aparecen.
Y en ese contexto, Alak vuelve a meterse en la interna partidaria, buscando ordenar un peronismo local que llega debilitado. La jugada suena más a refugio que a liderazgo. Porque cuando la gestión tambalea, el partido no siempre alcanza para sostenerla.
La gran incógnita es si queda margen para revertir la inercia. Porque la foto actual es clara: una ciudad con problemas estructurales sin resolver y un intendente que, lejos de imponer ritmo, parece correr siempre detrás de los acontecimientos.
