Rosca
La Plata quedó chica y en el PJ ya fantasean con llevar a Alak desde el municipio a Casa Rosada
Mientras suma ex macristas, herederos políticos y funcionarios importados, en el peronismo ya discuten si el intendente de La Plata sueña con la Gobernación o directamente con la Casa Rosada.
29 de Mayo de 2026
La creación de una nueva secretaría en el municipio de La Plata abrió una inesperada disputa dentro del peronismo bonaerense y dejó al descubierto algo mucho más ambicioso que un simple reordenamiento de organigrama. En medio de incorporaciones que generaron ruido interno, el intendente Julio Alak comenzó a ser mencionado por algunos dirigentes como una posible figura para proyectar más allá de la capital provincial.
#Dato: Esta mañana en #LaPlata el 3 veces gobernador de #Salta @UrtubeyJM y ex candidato a senador nacional por dicha provincia le pidió a los vecinos platenses que "compartan a su intendente con todos los bonaerenses" y agregó "porque no también con todos los argentinos" pic.twitter.com/6CzIP9xpCY
— Ezequiel Jahir Oslé (@Turcolibia) May 27, 2026
El episodio tuvo como escenario el lanzamiento de la flamante Secretaría de Relaciones Internacionales, una dependencia que elevó a 24 el número de secretarías municipales. Sin embargo, detrás de la presentación institucional apareció una escena mucho más reveladora. Juan Manuel Urtubey aprovechó el acto para ensayar un elogio que sonó menos a cortesía y más a operación política. Según relató luego en conversaciones reservadas, el ex gobernador salteño considera que Alak podría convertirse en una alternativa de consenso dentro del peronismo.
La escena tiene algo de comedia política argentina. Un dirigente que lleva décadas orbitando el poder, formado en el corazón del aparato peronista y muy cercano a Cristina Kirchner, pasa de administrar una ciudad a aparecer en conversaciones presidenciales impulsadas por sectores que hace apenas unos años discutían entre sí quién se quedaba con las migajas de un movimiento en crisis.
El razonamiento de Urtubey es transparente. En varios sectores del peronismo ven a Axel Kicillof como un dirigente encerrado dentro de los límites bonaerenses y sin capacidad para enamorar a gobernadores del interior. En cambio, consideran que Alak conserva vínculos históricos con estructuras tradicionales del PJ y, sobre todo, mantiene una relación privilegiada con Cristina Kirchner, la dirigente condenada por corrupción que continúa funcionando como árbitro político de gran parte del peronismo.
La paradoja es fascinante. El mismo espacio que durante años denunció las corporaciones, las elites y los acuerdos de cúpula ahora busca construir una candidatura presidencial mediante negociaciones de laboratorio entre caudillos provinciales, dirigentes reciclados y viejos socios del poder. La renovación prometida termina pareciéndose bastante a una reunión de ex alumnos del aparato.
La jugada de Alak tampoco pasó inadvertida dentro de sus propias filas. La incorporación de Daniel Lipovetzky provocó malestar entre sectores kirchneristas y encendió alarmas en aliados históricos. El ex diputado, recordado por su paso por el PRO y por la polémica Ley de Alquileres, aterrizó en el gabinete municipal como secretario de Relaciones Internacionales. En cualquier manual clásico del kirchnerismo, un ex macrista ocupando un cargo estratégico hubiera sido presentado como una infiltración ideológica. Ahora se lo vende como apertura política.
La situación empeoró cuando apareció Marcos Urtubey, hijo del ex gobernador salteño y con antecedentes recientes vinculados a sectores libertarios. Así, el municipio terminó ofreciendo una postal curiosa. Un dirigente cercano a Cristina incorpora a un ex macrista y a un ex simpatizante mileísta para construir una estructura política que supuestamente fortalecerá al peronismo.
La reacción no tardó en llegar. El diputado Juan Malpeli expuso públicamente el enojo del Frente Renovador por la falta de espacios para el massismo dentro del gabinete. El mensaje fue una señal de que debajo de la foto institucional sigue existiendo una feroz pelea por cargos, influencia y lugares de poder. Después de todo, el peronismo puede cambiar nombres, colores y discursos, pero pocas cosas lo alteran tanto como el reparto desigual de las oficinas.
Desde la oposición también cuestionaron la creación de una nueva secretaría en momentos donde persisten reclamos por seguridad, infraestructura y servicios públicos. Las críticas apuntan a que el municipio amplía su estructura política mientras muchos problemas cotidianos siguen esperando respuestas.
En el fondo, la discusión excede a Lipovetzky, a Urtubey y a la diplomacia municipal. Lo que está en juego es la construcción de una plataforma política personal. Alak parece decidido a transformarse en algo más que un intendente. La pregunta es si los vecinos de La Plata necesitan un gestor enfocado en resolver problemas concretos o un dirigente ocupado en ensayar un casting para futuras candidaturas.
Por ahora, la operación está en marcha. Urtubey lanzó el globo de ensayo, Cristina observa desde las sombras y el peronismo vuelve a demostrar que nunca pierde tiempo cuando se trata de discutir cargos futuros. Aunque todavía falten elecciones, siempre hay alguien dispuesto a repartir ministerios imaginarios antes de arreglar los baches reales.
