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Jueves 15 de Enero de 2026

Marketing en transición

¿Los influencers ya no funcionan? Lo que los datos revelan sobre su impacto real

El marketing de influencers atraviesa un cambio profundo: menos seguidores, más credibilidad. Las marcas replantean estrategias y priorizan autenticidad, cercanía y conversión real por sobre la exposición masiva.

6 de Enero de 2026

Durante años, el marketing de influencers fue sinónimo de crecimiento rápido y visibilidad asegurada. Una mención bastaba para disparar expectativas de ventas y posicionamiento. Sin embargo, los datos muestran que ese modelo ya no opera con la misma eficacia. No porque la influencia haya desaparecido, sino porque el consumidor cambió y con él, la forma en que se construye confianza.

Estudios recientes señalan que la saturación de contenidos patrocinados generó cansancio en las audiencias. La repetición de mensajes pagos, muchas veces desconectados del uso real del producto, redujo el impacto de campañas que antes funcionaban casi de manera automática. Hoy, la exposición por sí sola ya no garantiza conversión.

En ese contexto, cada vez más pequeños y medianos negocios optan por invertir en contenido propio: videos explicativos, testimonios reales, demostraciones auténticas y narrativas cercanas. No se trata de romantizar lo casero, sino de responder a una lógica concreta del mercado: la autenticidad vende más que el alcance vacío.

Los datos no indican que los influencers hayan perdido valor por completo. De hecho, alrededor del 65 por ciento de los consumidores sigue considerando atractivo el contenido generado por creadores, pero el factor decisivo ya no es el volumen de seguidores, sino la percepción de honestidad, cercanía y coherencia con el producto que recomiendan. La credibilidad se volvió segmentada.

Este cambio dio lugar a un nuevo equilibrio. Los macroinfluencers conservan utilidad en campañas de alcance masivo y posicionamiento de marca, pero su impacto directo en ventas es cada vez más difícil de medir. En contraste, los micro y nano influencers, así como clientes reales y expertos con autoridad percibida, logran mayores niveles de confianza y acción concreta.

Desde dentro de la industria del marketing, varias marcas comenzaron a reducir su dependencia de figuras tradicionales y a priorizar embajadores con historias reales, contenido generado por usuarios y reseñas auténticas. La lógica es clara: la narrativa creíble pesa más que el like, y la recomendación honesta supera al endorsement forzado.

La evidencia académica respalda que las recomendaciones influyen en decisiones de compra, especialmente en productos experienciales. Pero esa influencia hoy se distribuye de otra manera: pesa más quién recomienda y por qué, que cuántos seguidores tiene. La creatividad, la utilidad y la transparencia se volvieron centrales.

Lejos de marcar el fin de los influencers, el escenario actual muestra una evolución del modelo. La influencia dejó de ser un pedestal exclusivo y pasó a integrarse como una herramienta más dentro de estrategias más complejas, basadas en métricas reales, confianza sostenida y vínculo con la comunidad.

 

Para los negocios, el mensaje es claro: no hace falta pagar visibilidad si se puede construir credibilidad. En un ecosistema donde cualquiera puede crear contenido, la verdadera diferencia está en la conexión genuina. Los influencers no desaparecieron, pero ya no mandan solos.

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