Educación en tensión
El “polo educativo” de Jorge Macri nació entre carteles, bronca estudiantil y una reforma que nadie pidió
Mientras el jefe de Gobierno porteño presentaba con tono de marketing su proyecto para la secundaria, alumnos de la Escuela Esnaola respondieron con una sentada y un cartelazo frente al edificio del Polo Educativo Saavedra.
13 de Marzo de 2026
En la política porteña parece haberse puesto de moda rebautizar todo con nombres pomposos para ver si así el problema se vuelve más elegante. Esta vez el turno fue del “Polo Educativo Saavedra”, la etiqueta con la que el gobierno de Jorge Macri presentó su plan de cambios en la secundaria de la Ciudad. El detalle incómodo es que, mientras se hablaba de modernización y reformas, los estudiantes estaban en la puerta protestando.
La escena ocurrió frente a la Escuela de Música Juan Pedro Esnaola, en Crisólogo Larralde 5085, donde alumnos organizaron una “sentada con cartelazo” para rechazar la reforma educativa impulsada desde el Ejecutivo porteño. No fue un acto improvisado ni un berrinche adolescente: desde el centro de estudiantes explicaron que la protesta buscaba volver a expresar el rechazo a la reforma y a la imposición de colegios piloto, entre ellos la ESEA Mastrazzi, utilizada como experimento del nuevo esquema.
El reclamo de los estudiantes, lejos de los slogans institucionales, fue bastante más terrenal. Pidieron mayor presupuesto educativo y que primero se resuelvan los problemas estructurales que ya arrastran muchas escuelas. Dicho en criollo: antes de vender la reforma como si fuera una app nueva, arreglen lo que ya está roto.
Los alumnos también dejaron en claro algo que suele incomodar a cualquier gestión: la comunidad educativa quiere ser escuchada. “Nos parece imprescindible que se siga escuchando la voz de los estudiantes”, señalaron, y anticiparon que durante la semana habría nuevas actividades con otros colegios. Traducido al lenguaje político: la discusión recién empieza.
El contraste fue evidente. Jorge Macri y la ministra de Educación Mercedes Miguel habían visitado el lugar semanas antes para presentar oficialmente los cambios en la secundaria porteña. El evento tuvo estética institucional, discursos prolijos y promesas de modernización. Pero después del acto llegaron los comunicados de docentes y estudiantes, donde el entusiasmo oficial se transformó rápidamente en rechazo y pedidos de diálogo real con la comunidad educativa.
La paradoja es casi una postal clásica de la política local: se inaugura un proyecto con nombre grandilocuente, se habla de transformación educativa y, al mismo tiempo, los propios estudiantes que deberían ser protagonistas de esa reforma están en la vereda reclamando que los escuchen. En Saavedra, el nuevo “polo educativo” debutó con la banda sonora menos esperada para un acto oficial: carteles, sentadas y estudiantes pidiendo que alguien los tenga en cuenta antes de rediseñar su escuela desde un despacho.
