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Viernes 19 de Junio de 2026

Ley de hierro porteña

Trapitos a la sombra y CABA se endeuda: Macri endereza lo que la política torció décadas

Mientras la Legislatura porteña aprueba cárcel para los cuidacoches y una millonaria deuda para el subte, el PRO demuestra que se puede gobernar sin armar bandas ni repartir prebendas.

18 de Junio de 2026

La Legislatura porteña sancionó hoy con 36 votos positivos la reforma al Código Contravencional que envió Jorge Macri, una norma que mete en cana a los trapitos y limpiavidrios que extorsionan a los automovilistas. Nada que ver con aquella vieja política que prefería mirar para otro lado mientras los curros callejeros se multiplicaban como hongos después de la lluvia. El jefe de gobierno fue contundente, los trapitos son una mafia que se cree dueña de la calle, y ahora, con penas de 10 a 50 días de detención efectiva, van a aprender lo que duele la libertad perdida.

La reforma no es un parche ni un gesto tímido, es un mazazo. Hasta ahora las multas eran un chiste, incobrables y hasta risibles para quien vive del apriete. Con esta ley, los cuidacoches en la vía pública enfrentan entre 10 y 30 días de cárcel, pero si operan en eventos masivos con organización previa, la pena trepa a 50 días. Y si encima amenazan o se aprovechan de la vulnerabilidad del conductor, el castigo se duplica. Parece que en la Ciudad de Buenos Aires el que extorsiona va a tener que rendir cuentas, una novedad absoluta para quienes están acostumbrados a que la justicia sea un chiste de mal gusto.

El dato que no pasa desapercibido es la quita de planes sociales para los trapitos que actúen en forma organizada, una medida que corta de raíz el negocio de usar la pobreza como escudo. Porque acá no se trata de perseguir al que limpia un parabrisas para comer, se trata de desarticular una estructura que se aprovecha del vecino y del espacio público con total impunidad. Jorge Macri lo dijo sin vueltas, ¿cuánto le importa una multa a un trapito? Se le ríen en la cara a la policía, y ahora van a tener que reírse con los dientes apretados detrás de las rejas.

En paralelo, y con 56 votos positivos, la Legislatura autorizó al gobierno porteño a tomar deuda por hasta 1.350 millones de dólares para construir la Línea F de subte, la primera en 25 años. Un dato que merece ser subrayado, la Ciudad no defaulteó su deuda en más de tres décadas de autonomía y acaba de colocar bonos a la tasa más baja de su historia, 7,3 por ciento, con la calificadora Moody's elevando su nota a AAA. Mientras tanto, otros gobiernos en Argentina se la pasan pidiendo que les perdonen lo que deben porque administraron como el culo, pero acá hay espalda financiera y voluntad de obra, no de hacer caja con la necesidad ajena.

La nueva norma también incluye clausuras para clubes e instituciones que promuevan el trapitaje, un guiño a la responsabilidad colectiva que demuestra que el PRO entiende lo que es atacar las causas, no solo los síntomas. Los días de trabajo comunitario se disparan de 2 a 45, y las multas económicas arrancan en más de un millón de pesos, cifras que duelen y obligan a pensar dos veces antes de extorsionar a un vecino. Todo esto suena a lógica básica, seguridad y control, pero en un país donde la corrupción y la viveza criolla fueron moneda corriente durante décadas, resulta revolucionario.

La Línea F promete cambiar los flujos de viaje en la Ciudad, conectar el sur y el norte y combinar con todas las líneas existentes, un proyecto de infraestructura que trasciende gestiones y que demuestra que se puede planificar sin tener que pagar favores políticos. Jorge Macri no necesita armar una banda de cuidacoches para financiar su campaña ni poner a su primo a recaudar en la calle, porque el PRO gobierna con reglas claras, aunque a algunos les arda que ya no haya lugar para la viveza de siempre. La Ciudad avanza mientras la política tradicional sigue llorando con el discurso de la exclusión, como si meter presos a los que extorsionan fuera un acto de autoritarismo y no de sentido común.

Y así, mientras el kirchnerismo sigue defendiendo a los que manejaban una Sidecreamer con fondos públicos y se creían dueños del Estado, acá se legisla para que el que amenaza a un vecino vaya derechito a la comisaría. La diferencia es abismal, una gestión que invierte y castiga al delincuente, contra un modelo que premiaba la lealtad con contratos millonarios y protegía a sus propios chorros. Bienvenidos a la Ciudad que ordena, porque el que debe, paga, y el que aprieta, preso, así de simple, así de porteño.

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